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"You know my hips don´t lie
and I´m starting to feel it´s right
all the attraction, the tension
Don´t you see baby.
This is perfection"[1]
Shakira & Wyclef
Jean.
(Sobre la danza, el ritmo y la música)
Por Karina Vélez - Periodista El Grifo -
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Hace miles de millones de años cuando la tierra era un lugar
más tranquilo,
sentados frente al fuego, ellos agitaron sus cuerpos, alzaron
sus manos ante ese inmenso cielo estrellado, los pasos se hundían en la tierra,
las palmas se chocaban sin parar. Hace millones de años frente al fuego el
ritmo se apoderó del hombre para no soltarlo nunca más.
La cultura
son los rasgos que caracterizan una sociedad. No es otra cosa que la percepción
que el hombre tiene del mundo, por medio de ella se expresa y comunica sus
temores y deseos.
Por eso la danza hace parte de la cultura del hombre, el
ritmo de nuestro corazón nos recuerda constantemente que estamos vivos, sin
ritmo simplemente morimos.
El baile es un conjunto
de movimientos impulsivos, es un
desborde lleno de emotividad, afecto e ira. El hombre ha evolucionado con la
danza en la acción y la perfección del
movimiento, de esta manera va revelando su proceso a través de la historia, la
mutación social y cultural, su relación con el paisaje.
"Las primeras formas de danza seguramente fueron circulares, siendo un sinónimo de la
vida en sus más altos estados de amor, trabajo y religión, que en su mente
están estrechamente interrelacionados y
fusionados. El círculo inicialmente era cerrado para que los espíritus o
los deseos invocados no penetraran con las fuerzas negativas del exterior"[2].
Cuando bailamos
le exigimos recordar pasos y secuencias a nuestro cerebro, estimulamos
cada centímetro de nuestro cuerpo, los músculos se contraen, la temperatura
corporal se eleva, las glándulas segregan humedad y el ritmo simplemente te
invade el alma y no puedes parar. La memoria genética despierta y nos recuerda
esa parte que tenemos oculta, somos
mitad hombres y mitad animales.
La danza es una expresión que nos libera de dolores, temores y represiones. Permite crear
un mundo propio, controlado por los movimientos del cuerpo que sólo pertenecen
a la individualidad, yo no sé como bailar Can-can, pero tengo la completa
libertad de moverme al ritmo de la música. Cuando Dios creó al hombre le dio
libre albedrío y en ese se incluye
bailar como nos plazca.
Durante la Edad Media,
la Iglesia Cristiana
rechazó la danza al considerarla catalizadora de la tolerancia excesiva sexual,
pero de igual forma los Celtas, Anglosajones y Galos fueron lentamente
incorporando las danzas a las fiestas cristianas que casualmente coincidían con
rituales paganos como el solsticio de Primavera e Invierno.
El ritmo nos entra por los poros, nos invita a mover los
pies, las manos o simplemente a tararear una canción todo el día. Los libros se
pueden olvidar, las películas también, pero para que olvidemos una canción
completamente se necesita de mucho tiempo o una terrible amnesia. Yo recuerdo
al pollito que le daba cuerda antes de dormirme, la vida
me ha sorprendido en más de una ocasión silbando esa canción de cuna.
Como es trigueña tu piel, junto a tus grandes nalgas danzantes, tu corazón sonriente, que baila de un lado al otro de la inmensa sala llena de flores amarillas
y olor a mandioca, como tu boca candente
así te quiero mujer, de oro... eee ooo eee ole ola.
Si bien, muchas personas no saben bailar, son pocas las
personas que no disfrutan por lo menos ver bailar. El cuerpo es una máquina de acciones, el
baile y la música son la clave para dejar escapar esos sentimientos acorazados
que nos gritan desde el interior que los dejemos salir.
Nos gusta el ritmo, lo llevamos a todas partes, a los
partidos de fútbol, a los aeropuertos, a las iglesias, nos suena el celular con
el ritmo que nos gusta, relacionamos a personas con canciones, las recordamos,
las amamos o las odiamos.
...Situaciones del
ritmo...
La marcha atemorizante era acompañada en algunos casos de
trompetas, tambores, y gaitas, durante el deporte colectivo más famoso del
mundo: La guerra. Hasta a la guerra nos gusta ir con música, con ritmo y no
sólo por razones disciplinarias, es una
forma de exaltar el corazón, de dar valor y sentido de comunidad. Cuando se
canta o se aplaude en cantidad los miedos se alejan y la victoria puede parecer
cercana.
Bailamos todo el tiempo en nuestro interior, bailamos cuando
arrullamos a un bebé, bailamos cuando dormimos, cuando hacemos el amor, cuando
nos bañamos.
Vamos a bailar entonces toda la noche, al ritmo de la banda, vamos a
bailar toda la noche hasta que explote, de pronto bailando se nos secan
las lágrimas, la tristeza y el dolor.
La sangre hay veces que se alborota cuando siente el ritmo
de la Puya loca,
así como el ritmo del reggaetón que más allá del zandungueo y el perreo le
permite al cuerpo jugar con el otro cuerpo. No sirve de nada juzgar los bailes
del presente, bailar no tiene nada que ver con la moralidad, bailar es respirar
y cada quien verá si respira encima del otro. Además la misma historia se ha
equivocado al prohibir y censurar, pero, en la cuestión del baile nadie se
puede contener.
¡Y qué!! Si el baile parece casi un acto sexual, así como el
Mapalé, la Champeta,
o el Reggaetón, donde esos movimientos pélvicos lo dicen todo, así como en la
samba las nalgas se tambalean y vibran con gran velocidad. Sensual, sexual o no, esta clase de bailes
despierta el instinto, el calor del trópico, hasta la
rebelión.
¡Y qué!! Si las
viejitas se persignan casi en convulsión
al ver a la juventud hacer estas cosas tan espantosas a la luz del día.
Bailar con alguien implica ser una tábula rasa dispuesta a marcar cada paso, no es lo mismo
bailar con el papá, el tío o el vecino, que bailar con el chico que te gusta,
con el novio o el amante. Bailar es todo un lenguaje que sólo la experiencia te
permite descifrar, el ritmo ha de ser peligroso o inofensivo, pero transmite lo
que siente la otra persona. La firmeza en las manos es esencial, o por lo menos
hablo de mi experiencia como mujer.
Me gusta sentir un hombre que esté seguro de sus movimiento,
que acompañe la música en silencio o con el canto, no como aquellos que lo
único que hacen es conversar arruinando el momento. Cuando se baila no se
habla con los labios sino con el cuerpo:
la tensión de la espalda, la coordinación de los pasos, las manos en la cintura
sin más ni menos, el roce de los rostros, el movimiento del cabello, las manos
entrelazadas, la vuelta sin tropiezos, el latir del corazón ajeno.
No es lo mismo bailar una Bachata en la República Dominicana,
en una de esas playas de arena blanca, tomando quizá un poco de mamajuana; que
viajar hasta Europa y girar en compás de
¾ del vals. En la pista de baile descubrimos que si bien no podemos bailar a la
perfección la danza del vientre o el hula hula, podemos mover las caderas,
nuestras caderas latinas que no mienten al compás de esa pequeña representación
del mundo.
...Un recuerdo....
El olor a cerveza era notable, al igual que el perfume de
las mujeres, las luces, los
espejos y la inmensa bola de disco resaltaba en
medio de la pista que alguna vez se
iluminó por completo recreando a la perfección una escena de Fiebre de sábado en la noche, y lo único
que faltaba era Jhon Travolta moviéndose entre esos apretados pantalones
blancos.
Escándalo es la discoteca más famosa de
Tabatinga (ubicado en la frontera de Brasil y Colombia), allí fui partícipe de
lo que el ritmo puede hacer con el rap del escuálido Eminem, las tecnocumbias y
el vallenato, pero el momento del escándalo total fue cuando esas morenas de
grandes labios y perfectas curvas me invitaron al círculo de la alegría, allí
donde todos somos iguales y obedecemos a la misma ley... el ritmo.
Bailar es exorcizar la pobreza, la tristeza y el hambre,
pero a su vez es la expresión de la vida. En ese círculo de poder bailé Samba
sacudiendo el cuerpo sin control, la clave para seguir el acelerado ritmo
consiste en no pensar en el cansancio, dejar que el sudor te llene el cuerpo, y
no importa, no importa si no tienes dinero, no importa sino las conoces, no importa
sino hablas el mismo idioma.
Lejos de la canción de cuna, la música en nuestra cultura se
imprime en la sangre desde que nacemos.
Una de mis canciones favoritas durante la infancia fue el baile
prohibido, bailaba tanto que me quedaba dormida en las piernas de mi mamá.
" Chorando se foi quem um dia so me fez chorar
Chorando se foi quem um dia so me fez chorar
Chorando estara ao sembrar de um
amor
Que um dia nao soube cuidar
Chorando estara ao sembrar de um amor
Que um dia nau soube cuidar..." La
lambada
Los sensuales movimientos
de Shakira, la imprudente Madona y su Like a Virgen, el Elvis con sus
quiebres de cintura, Ray Chales con el I gotta a woman, el grupo español Estopa
con La raja de tu falda, Michael Jackson, Selena, Frank Sinatra y no falta en
la lista los cangries del reggaeton con
esa mujer que le gusta la gasolina.
Ves, cada
uno de esos ritmos habla de la historia, cada uno de esos bailes y muchos más son la marca de la cultura, las
culturas, tu cultura, nuestra cultura.
Así que dejemos la teoría y vamos a la práctica. Vamos a bailar como lo
hemos hecho desde millones de años frente al fuego, allí donde le recordaremos
al ritmo simplemente que le
pertenecemos.
[1] Fragmento de Hips don´t:
lie, Canción de Shakira y Wyclef Jean: "Tu sabes mis caderas no mienten, y estoy comenzando a sentir que esto es
correcto, toda la atracción, la tensión. No ves nene que esto es perfecto".
[2] Historia Universal de la
danza, Kart Sachs
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