Un día perfecto PDF Imprimir E-Mail
La terrífica historia de un ojo morado  ¡No me jodan más con ese Gabo!  Mi nombre: Estatua humana 
 Camino a Madrid
Ese vicio llamado Messenger  Tres relatos cortos 

 

 

Por: Sebastián Vallejo - Periodista El Grifo - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Después de muchos ires y venires pensando como invitar a salir a la niña de tus

 besoendiciembre-george-sing

sueños, la oportunidad se presenta gracias a unas gafas oscuras que ella describe como...*. Esa tarde tratabas de vender ropa vieja y artículos que decoran el hogar que algún día quisieras compartir con ella, no importa que no la conozcas mucho todavía, es un sueño hecho realidad, el solo acto de que exista una belleza imposible e inadmisible de adjetivar.

La ropa vieja que se recogió porque en casa había trasteo terminó donde debía: habitantes de la calle e iglesias, qué peye haber preferido buscar intercambiarla por dos pesos. Los artículos sí fueron vendidos en una tienda de antigüedades, el comprador insistía en que se le pusiera un precio pero finalmente se le dio papaya para que él fuera el encargado, lo más seguro es que aplicó el doceavo mandamiento que está ligado al onceavo... (No dar papaya).

80 mil pesos que al instante se convirtieron en 70, pues días antes el antojo de comprar allí mismo "Azul Mujer", "Mujeres Poetas de Hispanoamérica", "Recopilación y selección de Cristina Jaramillo", socavaba el cerebro adquisitivo. Una lavada de manos en la oficina de la mamá del soñador para ir rumbo al almacén también soñado: gafas "rayadas", "de estilo", "de disfraz", "antiguas" o de "Fear and Lothing in Las Vegas" de Therry William, como me dijo un parcero cuando me vio con ellas puestas.

Por lo menos media hora y hasta más de observación y de probarse unas gafas tras otras, unas casi perfectas, estaban averiadas y sin arreglo, tan "solladas" que igual las quería e igual las exhibían y ofrecían. En cambio ella que argumentaba no ser capaz de ponerse los anteojos que se probaba y obvio microbio le quedaban perfectas, más soñada se veía todavía, decía que para qué las iba a comprar por más que le gustaran. El hipnotizado ya había escogido unas con marco en forma de pentágono hasta que la futura princesa de su reino soñado se probó unas de marco morado y lentes azul, por primera vez se estuvo de acuerdo con que ella no debía comprar. Esas gafas también son soñadas y hoy filtran la luz del hecho de soñar con los ojos abiertos, cuando más aún, o por lo menos cuando se es consciente de saber que se sueña con ella.

- Para dónde vamos. - Caminando hasta Junín ella se lució con un plan perfecto: empanadas argentinas en el Salón Versalles para llevar y abrirlas sentados en el Astor con jugo de mandarina y limonada. Por "pena" de comer empanadas de otro sitio, más bien por endulzar incluso más esa preciosidad, a la salida se adquirieron unas galletas como perfecto remate.

- Ahora qué

- A ver Princesas

- De qué se trata - preguntó ella.

- No sé, no gustar, no leer sinopsis - respondió él encantado, el que no arriesga un huevo...

- Si no está buena nos salimos - dice la acrecentada belleza, él para adentro: "no creo que unas Princesas hagan quedar mal a un soñador, que ni fantaseen con eso porque las busco y me la pagan."

Más o menos en la mitad de Princesas , a lo mejor también soñada por su director y guionista Fernando León de Aranoa y por la interpretación de sus lindas actrices Candela Peña y Micaela Nevárez, ella es dulcificada con un dulce de miel; se ve en problemas para desenvolverlo y él Señor Soñando o de Los Caramelos de Miel creyó se lo había saboreado con papel y todo. Se acabó la película donde Miss. Caye, Miss. Zulema, Miss. Metadona, Miss. RelacionChicaPolitic, entre otras Miss, sedujeron a los espectadores un poquito menos de lo que ella tiene maravillado a aquél.

También las Miss. Princesas absorbieron la atención de esta belleza colosal, celestial, angelical, natural, que de forma muy educada agradeció la invitación a cine gratis en el Comfama de San Ignacio.

La noche de ese día perfecto culminó con las últimas galletas, una granola, o mejor "La Mamá de las Granolas", y el primer pico cuando adiós se decían La Emperatriz de la Historia sin fin y Sebastián, no el de esta perfecta película sino el de este soñado relato de un día, el mismo que espera que la historia con esta señorita sea también sin fin, que no se aplique un pedazo de la letra de una canción de Manu Chao: "...nada es para siempre..." pero que sí se aplique éste: "...yo siempre estaré a tu lado...".

 



* Notas: La palabra perfecta, que tenía que ser mencionada por ella para describir las gafas, lógico, no fue recordada y no era "psicodélicas", "de mero estilo", "underground", etc. Se cree que de pronto pueda ser "histéricas", se está casi seguro...

La música de la película, perfecta: Manu Chao, se llama "Me llaman Calle". Días más tarde me enteré, preguntándole a ella si conocía esta canción, que otra también de Manu que se utilizó para esta película, "Mi Vida", era su segunda preferida de este artista y lógico se la regalé, ni bobo que fuera.

                                                                                                                                          

 


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