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Por: Sebastián Vallejo - Periodista El Grifo -
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Después de muchos ires y venires pensando como invitar a salir a
la niña de tus
sueños, la oportunidad se presenta gracias a unas gafas oscuras
que ella describe como...*. Esa tarde tratabas de
vender ropa vieja y artículos que decoran el hogar que algún día quisieras
compartir con ella, no importa que no la conozcas mucho todavía, es un sueño
hecho realidad, el solo acto de que exista una belleza imposible e inadmisible
de adjetivar.
La ropa vieja que se recogió porque en casa había trasteo terminó
donde debía: habitantes de la calle e iglesias, qué peye haber preferido
buscar intercambiarla por dos pesos. Los artículos sí fueron vendidos en una
tienda de antigüedades, el comprador insistía en que se le pusiera un precio
pero finalmente se le dio papaya para que él fuera el encargado, lo más
seguro es que aplicó el doceavo mandamiento que está ligado al onceavo... (No dar
papaya).
80 mil pesos que al instante se convirtieron en 70, pues días
antes el antojo de comprar allí mismo "Azul Mujer", "Mujeres Poetas de
Hispanoamérica", "Recopilación y selección de Cristina Jaramillo", socavaba el
cerebro adquisitivo. Una lavada de manos en la oficina de la mamá del soñador
para ir rumbo al almacén también soñado: gafas "rayadas", "de estilo", "de
disfraz", "antiguas" o de "Fear and
Lothing in Las Vegas" de Therry
William, como me dijo un parcero cuando me vio con ellas puestas.
Por lo menos media hora y hasta más de observación y de probarse
unas gafas tras otras, unas casi perfectas, estaban averiadas y sin arreglo,
tan "solladas" que igual las quería e igual las exhibían y ofrecían. En cambio
ella que argumentaba no ser capaz de ponerse los anteojos que se probaba y
obvio microbio le quedaban perfectas, más soñada se veía todavía, decía que
para qué las iba a comprar por más que le gustaran. El hipnotizado ya había
escogido unas con marco en forma de pentágono hasta que la futura princesa de
su reino soñado se probó unas de marco morado y lentes azul, por primera vez se
estuvo de acuerdo con que ella no debía comprar. Esas gafas también son soñadas
y hoy filtran la luz del hecho de soñar con los ojos abiertos, cuando más aún,
o por lo menos cuando se es consciente de saber que se sueña con ella.
- Para dónde vamos. - Caminando hasta Junín ella se lució con un
plan perfecto: empanadas argentinas en el Salón Versalles para llevar y
abrirlas sentados en el Astor con jugo de mandarina y limonada. Por "pena" de
comer empanadas de otro sitio, más bien por endulzar incluso más esa preciosidad,
a la salida se adquirieron unas galletas como perfecto remate.
- Ahora qué
- A ver Princesas
- De qué se trata - preguntó ella.
- No sé, no gustar, no leer sinopsis - respondió él encantado, el
que no arriesga un huevo...
- Si no está buena nos salimos - dice la acrecentada belleza, él
para adentro: "no creo que unas Princesas hagan quedar mal a un soñador, que ni
fantaseen con eso porque las busco y me la pagan."
Más o menos en la mitad de Princesas , a lo mejor también
soñada por su director y guionista Fernando León de Aranoa y por la
interpretación de sus lindas actrices Candela Peña y Micaela Nevárez, ella es
dulcificada con un dulce de miel; se ve en problemas para desenvolverlo y él
Señor Soñando o de Los Caramelos de Miel creyó se lo había saboreado con papel
y todo. Se acabó la película donde Miss. Caye, Miss. Zulema, Miss.
Metadona, Miss. RelacionChicaPolitic, entre otras Miss, sedujeron a los
espectadores un poquito menos de lo que ella tiene maravillado a aquél.
También las Miss. Princesas absorbieron la atención de esta
belleza colosal, celestial, angelical, natural, que de forma muy educada
agradeció la invitación a cine gratis en el Comfama de San Ignacio.
La noche de ese día perfecto culminó con las últimas galletas, una
granola, o mejor "La Mamá
de las Granolas", y el primer pico cuando adiós se decían La Emperatriz de la Historia sin fin y Sebastián, no el de esta
perfecta película sino el de este soñado relato de un día, el mismo que espera
que la historia con esta señorita sea también sin fin, que no se aplique un
pedazo de la letra de una canción de Manu Chao: "...nada es para siempre..." pero
que sí se aplique éste: "...yo siempre estaré a tu lado...".
* Notas: La palabra perfecta, que tenía que ser mencionada por ella
para describir las gafas, lógico, no fue recordada y no era "psicodélicas", "de
mero estilo", "underground", etc. Se cree que de pronto pueda ser
"histéricas", se está casi seguro...
La
música de la película, perfecta: Manu Chao, se llama "Me llaman Calle". Días
más tarde me enteré, preguntándole a ella si conocía esta canción, que otra
también de Manu que se utilizó para esta película, "Mi Vida", era su segunda
preferida de este artista y lógico se la regalé, ni bobo que fuera.
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