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Por: Jesús López - Periodista/Lector El Grifo -
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Microcosmos
En
su esclerótica, alcanzó a observar unas diminutas líneas rosadas, como hilitos
que se bifurcaban formando figuras parecidas a raíces. Luego, se vio reflejado
en el iris ocre que siempre lo llevaba a buscarla. Y se sorprendió con la
pupila azul, que parecía un ser vivo, aumentando y disminuyendo de tamaño
constantemente.
Al
volverla a ver, sintió el paso de mil años y de un nanosegundo al mismo tiempo.
Recordó entonces cuán dentro la llevaba, cuán viva estaba y cuánto la había
visto, amado, soñado. Estuvo a pocos centímetros de su rostro pero le dolió el
abismo que los separaba. Y deseó volver a recorrerla despacio, con su olfato,
con su tacto, con su lengua, con su corazón, pero esta vez no con los ojos
cerrados.
****
Regresión
(A
Ana Sofía)
Una
vez, Emilio pensó:
"Lo
único que Sara habrá de recordar de mí es que, en alguna época remota de su
vida, cuando tenía más o menos dos años, un joven quiso ser su amigo pero, como
todos, tuvo que irse. Seguramente ese fue su primer duelo".
Una
vez, Sara le dijo a Josué, su esposo:
"Tenía
más o menos dos años. Recuerdo que él era joven y parece que venía a visitar a
mi mamá. Me gustaba mucho estar con él, y más con los dos. Salimos poco
realmente, quizá un par de veces. La última vez que lo vi no la recuerdo, pero sí
la sensación de que los días empezaron a hacérseme terriblemente largos cuando
no aparecía. Intenté preguntarle a mi mamá: "Midio,
midio", pero yo apenas balbuceaba y ella no me entendía, o me evadía. Creo
que desde ahí empecé a ser una mujer triste. Lo extrañé. Lo esperé el resto de
mi vida. Jamás lo volví a ver".
Josué
es hijo de Emilio.
****
Nocturno I
Justo antes de dormirse, Juanma contó la oveja 97 y se dio cuenta de que ésta
no era distinta a las demás: Siempre la misma. Imaginó que estaría muy cansada
de tanto correr, se compadeció y dejó que se acostara. Estaba sobre un césped
recién cortado que olía a humedad en un lugar campestre
cuyo nombre ignoraba o había olvidado.
La oveja despertó. Se levantó y caminó por la pradera. Alcanzó a sentir el frío
de una ráfaga. Tomó agua de la acequia y masticó sin cesar un bocado de pasto.
Se echó y miró a lo lejos. Recordaba su
último sueño. Se trataba de un hombre que sufría insomnio y contaba ovejas para
poder dormir.
Pronto iba a amanecer.
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