El lenguaje humano: un texto ilimitado PDF Imprimir E-Mail

Por: Mg. Juan Eliseo Montoya Marín - Académico

"Una de las más extrañas características de los [...] estudios sobre el comportamiento del mono desnudo es que casi siempre eludieron lo más evidente."
Desmond Morris, El Mono Desnudo.


" Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras .  Y dijo Yhwh : Bajemos y, una vez allí, confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo."
Libro del Génesis , cap . 11 , vers. 1 . 7 .

"John McNaboe, senador por Nueva York, en mayo de 1937 se opuso enérgicamente a un proyecto de ley para controlar la sífilis porque ‘podría mancillarse la inocencia de los niños si se extendiese el uso de esta palabra... que produce escalofríos a toda mujer y a todo hombre decente'".
Stuart Chase, The Tyranny of Words.

El delegado de Ucrania acusó a Grecia de motivos ‘antidemocráticos' al tratar de desmilitarizar la frontera con Bulgaria.  A lo que Philip Dragoumis, subsecretario griego de Asuntos exteriores, replicó en tono adusto : ‘Democracia es una palabra griega, y Grecia sabe interpretarla mejor que nadie'".
Recorte de un periódico no identificado.

Más allá de la biología.
El ser humano está tan inmerso en todas las formas de lenguaje, que podría

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decirse que él mismo es lenguaje en todas sus formas.  No se puede negar, es cierto, que los demás animales poseen sus propios mecanismos de comunicación, los cuales pueden denominarse también lenguaje.  No obstante haber continuidad entre la naturaleza animal y la humana, hay ciertas condiciones en las que los demás animales se quedan más atrás del camino que ha recorrido el hombre.  En los animales, el lenguaje está dado por la biología y no hay posibilidad de modificarlo ni extenderlo arbitrariamente. Así mismo, los códigos de dicho lenguaje animal están dados para que, de ninguna manera, la especie falle en la emisión y en la recepción del mensaje, y en la reacción frente a él.  De esta manera, unos mismos códigos significarán siempre lo mismo y producirán siempre las mismas reacciones biológicas y/o comportamentales.

Dos ejemplos:
1. Cuando una hembra canina está en celo, lo cual es provocado por la naturaleza, se dispone para recibir al macho, con ello, se produce el desprendimiento de cierto olor que indica a todos los machos de la especie lo que está sucediendo.  La reacción, también natural e ineludible de ellos, es acercarse a la hembra buscando la cópula.  2. Cuando una abeja descubre néctar en algún lugar, secreta determinada sustancia y realiza determinada danza en su vuelo, que indica a los demás de su especie el lugar exacto donde se encuentra el néctar.  Las otras abejas se dirigen sin dilación ni duda al lugar indicado, donde, efectivamente, encuentran lo comunicado por su congénere.

Esto quiere decir que la naturaleza dota a cada especie con un mecanismo básico de comunicación, mediante el cual se establecen relaciones y reacciones inequívocas, lo cual conlleva la conservación de la especie.  No obstante, cuando se trata del ser humano, no es tan simple, pues, teniendo posibilidad de dar, quitar o cambiar el sentido arbitrariamente a sus lenguajes no biológicos, éstos se convierten, no en un mecanismo que excluya el equívoco, sino, por el contrario, generador de equívocos. 

A este respecto dice Chomsky : "el lenguaje es un espejo de la mente en un profundo y enjundioso sentido.  Es un producto de la inteligencia humana, creado de nuevo, en cada individuo, por medio de operaciones que están más allá de la voluntad o de la conciencia" (1975, p. 4).  Esto ocurre, en suma, con la palabra, el cuerpo y las manifestaciones artísticas.  En este sentido, cada signo es cargado afectivamente o no, consciente o inconscientemente, lo cual determina que su sentido sea único y extenso al ser emitido y que su interpretación requiera algo más que de la simple percepción.  Así las cosas, la interpretación de un signo o conjunto de ellos, excepto, medianamente, el discurso científico[1], es, generalmente, especulativo, lo cual hace que, en el caso de la lengua, por ejemplo, los análisis lingüísticos y los resultados que éstos arrojan sean insuficientes, si de captar el sentido profundo se trata. 

El discurso
Inclusive la filosofía del lenguaje se ha enfrentado al debate entre el análisis de los elementos gramaticales que componen el discurso y el uso que se le da (Cfr., Lledó, Emilio. 1996. p. 209), tal como lo analiza Wittgenstein en sus Investigaciones Filosóficas.  Ya Platón había intentado salvar al lenguaje de los problemas de su estructura, de su natural e inevitable ambigüedad, tema que desarrolla en el Teectetes (o Del Lenguaje). La lucha, a la final, es el hecho real del signo o el referente primero y el hecho abstracto o referente profundo, es decir, entre la estructura y la semántica.

Este fenómeno de ambigüedad y mal-entendido o equivocidad del lenguaje humano se debe, básicamente, a que, a diferencia de los demás lenguajes, como ya se dijo, éste cuenta con mayor extensión, mayor profundidad y mayor coordinación.  Mayor extensión, puesto que se abarca y/o se combina mayor número de elementos y componentes simbólicos; mayor profundidad, porque no sólo está implicada la biología (fisiología), sino todas las demás dimensiones del ser humano, y mayor coordinación, porque los signos no tienen un sentido unívoco, sino que, según las múltiples combinaciones que se den, es su significado.  En otras palabras, se evidencia en el lenguaje humano la intervención, no sólo de fundamentos biológicos, sino de condiciones culturales, sociales e históricas, en el plano colectivo, y psicológicas en el plano individual.  Esto implica una textura más rica y una complejidad mucho mayor, casi insospechada a la hora de buscar en los signos del lenguaje la precisión y una verdad común de común dominio.

Cultura justificada
Tal vez sea esta la razón por la cual el ser humano es el único que crea cultura y, al mismo tiempo, es creado por la cultura, pues tiene autonomía frente al medio, lo cual lo ubica más allá de los organismos meramente respondientes, opera con una organización que puede ser modificada arbitrariamente en cualquier momento, generalmente mediante prótesis, físicas y simbólicas, que le permiten un control casi absoluto sobre sus operaciones en el medio.  Esta plasticidad en el lenguaje hace que, en determinado momento, pueda importar una estructura externa y, con ciertas variantes impuestas, se apropie de ella para su utilización cotidiana, es decir, el ser humano puede aprender de los demás seres de la naturaleza e incorporar en su existencia nuevas formas de comunicación o resignificar algunos actos. 

El ser humano se presenta en la naturaleza aprendiendo de ella y modificándola al mismo tiempo, puede conocer las fuentes de donde provienen determinados signos y puede, inclusive, asumir el lenguaje como su objeto de estudio y estudiarlo mediante el lenguaje mismo, convirtiéndolo en un mapa que le permite moverse en el mundo y construir el mundo con él.  Mientras para un animal el sonido de una campana será un estímulo neutro, a menos que se enlace condicionalmente a otro estímulo, para el ser humano se colma de sentido de acuerdo con el contexto; pues lo interpretará de una forma si es la campana de un templo, si suena a la hora de la comida, si la utiliza para llamar a la puerta de una casa, si la escucha en un carrito de helados o en el camión recolector de basura o distribuidor de gas. 

Una expresión como "¡Qué bonito!", no será la misma si la pronuncia una amiga a otra en un almacén de ropa, observando cómo luce su nuevo vestido, o la grita la mujer, a las tres de la mañana, a su marido que llega beodo a la casa, o si la dirige un profesor a un estudiante que está intentando hacer trampa en una prueba.  Un vestido negro no será el mismo vestido si lo lleva la viuda durante el funeral de su marido, si lo lleva la jovencita en una fiesta de gala, si lo luce la señora en una manifestación pacífica o si lo viste una mujer en un día frío.

El avance, el cambio de vía o la relectura de las manifestaciones del lenguaje, pueden materializarse gracias a la incompletud del ser humano, a la apertura al mundo tangible y simbólico y a la duda que atraviesa a todo sujeto.  Estas condiciones sólo están presentes en la naturaleza humana, pues es el hombre el único ser de la naturaleza que, por su incompletud, está obligado a construirse a sí mismo y construir el mundo que quiere habitar;  es el único que se puede abrir al mundo, con algunos previos, es cierto, pero abierto a novedades, reales y simbólicas, que no llegan ya con su significado inequívoco, sino que se presentan para que él los cargue de sentido; es el único que duda, lo cual le obliga a abrirse nuevas posibilidades, a formular hipótesis y a caminar siempre expectante por el mundo. 

Es el único, inclusive, como se dirá en otra parte de este texto, que puede imitar a otros animales (Hayakawa, S. I. 1967.  p. 9-22) y transformar esas estructuras recontextualizándolas, es decir, re-territorializándolas, y colmándolas de nuevos sentidos.  En lugar de seguridad, lo que aporta el lenguaje al ser humano, es incertidumbre y nuevas infinitas posibilidades, y eso lo lanza mucho más allá de los dominios de la biología, lo cual, a veces, impulsa a algunos sujetos a envidiar la vida animal, por su simplicidad y descomplicación; pero, "el proceso simbólico que hace posible los absurdos de la conducta humana también hace posible el lenguaje y, por tanto, todas las realizaciones humanas que de él dependen" (Hayakawa, S. I. 1967.  p. 26) y que él posibilita.

Expresión(es) en el mundo y mundo(s) expresado(s) ...
Si tenemos entonces la base que el mal-entendido es propio del lenguaje humano, estamos aceptando, tangencialmente, que para el lenguaje humano no hay límites, pues siempre está dado en dos líneas, una, la de la expresión, otra la del contenido profundo.  Así, el sentido estricto se ve enriquecido por el sentido extenso asignado al signo, ya sea una palabra, una acción, una creación o una sensación, y las condiciones particulares en las cuales surge o es leído, pues, v. gr., el cuerpo está enviando constantemente mensajes al sujeto, de tal suerte que, el hambre, mensaje inequívoco de la naturaleza, puede no ser sólo necesidad de alimento y estar hablando, en sentido extenso, de la ansiedad del sujeto; una cefalea podría estar hablando de hondas preocupaciones, así como el insomnio y otras manifestaciones y ritmos corporales (Cfr., Belloch, Amparo y otros. Vol. 2, 2000. p. 401-469).

El lenguaje del ser humano siempre quiere decir algo más de lo que dice: su cuerpo, su expresión, la tonalidad de su voz, la forma de moverse en el mundo, de comer, de mirar, de bailar, de sentarse.  Sus manifestaciones artísticas y culturales, su arquitectura, las características de su vestuario y demás prótesis. 

Todo esto sólo puede ser comprendido y aprovechado si sabe leerse adecuadamente, acudiendo al contexto y a las memorias étnica y simbólica, es decir, a esas señas comunes a un grupo humano y a los imaginarios que se van tejiendo en determinado lugar, con el tiempo, acerca de éste o aquel fenómeno.  Cuando una mujer recibe un piropo, por ejemplo, transitando por la calle, ese evento tiene un emisor que, tal vez de forma inconsciente, carga el mensaje con cierto erotismo, y un receptor que, dentro de los imaginarios culturales, reacciona frente al hecho, ya sea con disgusto o con agrado, lo interpreta como atrevimiento o ternura, como insinuación u ofensa, mira o sigue su camino, sonríe o frunce el ceño, en fin, no se puede predecir su reacción, simplemente, porque no se conoce su propio entramado psíquico, su forma de moverse en el mundo, sus experiencias relacionadas con el hecho, su bagaje religioso y moral.  En otros términos, no hay relación unívoca, natural y objetiva entre el símbolo y lo simbolizado, sino que esa relación la construye cada sujeto.

Lo implícito y lo explícito
Con esto tenemos que la doble vía del lenguaje humano es lo explícito y lo

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implícito.  Acerca de lo explícito, como punto de partida, se puede hacer descripción, lo cual ayuda a entender el signo; pero es necesario viajar analíticamente hasta lo implícito para poder interpretar aquello que el signo quiere decir, y, si se quiere ir más allá, será necesario conjugar analógicamente, no sólo los elementos del signo, las lecturas en red de otros elementos que lo rodean, de tal manera que se alcance un nivel mayor de comprensión, en este caso, ya no sólo del signo, sino del sujeto y del mundo cultural.

Si estuviéramos en Grecia, en el siglo VI a. J. y pudiéramos contemplar la puesta en escena de Edipo Rey, del trágico Sófocles, tendríamos, en un primer plano, un número determinado de actores, vestidos de determinada manera, con unas máscaras de cera con colores definidos, un timbre de voz propio y unas palabras también determinadas.  Estos elementos estarían en el plano de la mera descripción, lo cuál permiten entender que se trata de una obra dramática, identificar cuáles actores representan a mujeres, cuáles a hombres y cuáles pertenecen al coro, así como la función de cada uno en la obra. 

Se podría, asimismo, hablar del tiempo de duración de la obra, la división por actos y demás cuestiones formales.  Si se va un poco más allá y se estudian las relaciones entre un elemento y otro de manera conjunta, podrá decirse un tanto más del mismo evento, por ejemplo, que se trata de una obra trágica en la cual el interés por huir del destino trazado por los dioses lleva a los personajes a encontrarse frontalmente con él y que la sabiduría no se alcanza por la visión corporal sino que es un acto del espíritu y un don de los dioses.  Esto sería parte del componente analítico del evento en cuestión.  Si se establecen analogías entre lo descrito en la obra y las exigencias culturales, y se lleva diacrónicamente hasta el siglo XXI el contenido de la obra, se identifican las correspondencias, se guardan las debidas proporciones y se hace una lectura en el tiempo a partir del contexto, entonces podrá sacarse conclusiones como que todo ser humano está habitado por pasiones que, aunque se expresan de manera diferente en cada sujeto, están orientadas al mismo fin, ya sea el poder, la venganza, la huida del sufrimiento, el temor, la desesperanza y demás. 

Que Edipo Rey es la personificación de cada hombre y cada mujer que pretende, luchando con sus humanas fuerzas, vencer un poder, ya sea natural o divino, que está mucho más allá de su alcance, hasta que, derrotado por la vejez, la enfermedad o la muerte, le toca reconocer su pequeñez, despojarse de su soberbia y dejarse llevar humildemente.  Si la teoría en la que me sustento para llegar a este punto es el psicoanálisis, pues las conclusiones serán distintas, si fuera la psicología, la sociología, la literatura, en cada caso, dependiendo de la teoría que se utilice para leer el signo, se tendrá como resultado ésta o aquella conclusión, ninguna absoluta ni última. 

De la necesidad de leer el mundo...
Entendiendo, pues, el lenguaje, en primer lugar, como "cualquiera de los sistemas que emplea el hombre  para comunicar[se con] sus semejantes" y, en otro sentido, como la "señal o el conjunto de señales que dan a entender una cosa" (Pequeño Larousse, 1999. p. 602), es evidente que se hace necesario un proceso adecuado de interpretación que permita desentrañar de la señal o las señales que el mensaje encierra, para que, aquello que da(n) a entender, vaya perdiendo su equivocidad.  A este respecto se puede decir que la abducción - como un proceso mediante el cual un sujeto, 1. a partir de los signos que percibe intenta descubrir el sistema de relaciones que se le presenta en ellos y su intención, lo que suele llamarse en psicología, complejos de significados (Herrmann, T. 1974.  p. 63-87); 2. confrontándolos con el mayor número de conceptos o teorías posibles, formula hipótesis y, 3. mediante un descarte sistemático, saca conclusiones - es la herramienta propicia para interpretar el lenguaje humano en muchas de sus expresiones.  Puesto que la realidad se construye entre dos, la riqueza está, no sólo en aprovechar en mayor profundidad el sentido de las manifestaciones humanas, sino, principalmente, en saber que, aunque se diga mucho, jamás se dice todo, en primer lugar, porque la lectura del mundo nunca es completa y, en segundo lugar, porque en cada manifestación humana hay motivaciones que están ocultas hasta para los sujetos que las emiten, con lo cual la conocida pregunta `chapulinesca´ ¿Qué me habrá querido decir?, cobra todo su sentido y queda demostrada su pertinencia en la cotidianidad (Cfr., Freud, Sigmund.  1984). 

Son las redes de significados, signos y asociaciones las que permiten los complejos, las estructuras y las reconstrucciones, y las que, a la final, posibilitan la construcción constante del mundo que habita cada ser humano y que cada ser humano habita.

Sinopsis de ciudad
Si las formas que va adquiriendo la ciudad - para ilustrar - corresponden, de alguna manera, a la forma como se concibe el cuerpo del ciudadano (Sennett, Richard, 2002), se podría pensar, v. gr., que hay una relación entre la forma espigada de los edificios que se construyen actualmente y la imagen corporal que se tiene como ideal de la época; los espacios internos reducidos, tendrán una relación con el ánimo de consumir poco alimento y con el tamaño cada vez menor del vientre, y el adorno de exteriores, con las características presentadas por la moda.  En este sentido, la anorexia estaría reflejada en las construcciones modernas, unido esto al ideal de belleza occidental, presentado por los medios, ofrecido por los productos reductores, reforzado por la publicidad, construido por las cirugías estéticas y mantenido (o forzado) por el diseño, la moda y las mismas imágenes de la ciudad.  Además, se puede leer en ambas situaciones, la arquitectónica y la corporal - para continuar con el ejemplo -, un soterrado interés capitalista.  Así lo afirma Hayakawa cuando dice, citando a Thorstein Veblen, que "todos los vestidos de moda son altamente simbólicos: sus materiales, corte y adornos sólo en mínimo grado obedecen a consideraciones de calor, comodidad o carácter práctico." (1967.  p. 24).

Y es que, paradójicamente, los vestigios que quedan del ideal ilustrado en occidente, lo que intentas es obviar el símbolo, pues sólo aquello que pueda ser unificado y reproducido en condiciones de laboratorio tendrá validez, dejando por fuera las individualidades, las diferencias y manifestaciones, en el caso de la cultura, tan significativas como las jalonadas por la religiosidad popular o las creencias esotéricas.  Así mismo, políticamente hablando, se hace más fácil el gobierno de rebaños que de individualidades.  La lectura de la cultura apunta, no solamente a descubrir aquellas constantes sociales, sino a identificar las diferencias, como dice el epígrafe, evidentes pero aisladas, entre otras razones, porque los cambios que se van generando en la cultura, comienzan por ser eventos aislados y se van convirtiendo en constituyentes del común.  Esta es la razón por la cual el detective C. Dupin, en La Carta Robada (Poe, E. A., 1970.  p. 157-175),  puede conseguir el documento tan preciado y valioso, pues, no opera siguiendo las convenciones, sino que se fija en esas particularidades y las contextualiza de acuerdo con los tiempos, el lugar y las características del personaje que la posee.  Así también Sherlock Holmes (Conan Doyle, Arthur.  2001), logra resolver sus emocionantes casos, pues su punto de partida no es la norma general que une a todos los casos por sus semejanzas, sino aquellos signos que, aunque evidentes y aparentemente aislados, dan forma a todo el acontecimiento.

En la vida social y expresión de la cultura, el lenguaje nutre, sustenta y posibilita la ejecución de todas las formas de poder en todos los estratos del mismo, de tal forma que sólo puede comprenderse profundamente la cultura acudiendo al lenguaje como puerta de entrada y, como una muy buena alternativa, utilizando un derrotero como la abducción que permita leer el otro lado del espejo, como lo llama Memo Ánjel, al hablar del centro de la ciudad como texto (Ánjel R., José Guillermo. 2003.  p. 101-106).

El mundo, pues, que como se dijo al principio de este texto, es una construcción simbólica, debe leerse como tal.  No con base en un manual, pues se quedarían por fuera los detalles más significativos, ni con fórmulas matemáticas, sino con una considerable apertura de ánimo y con la conciencia de que siempre hay algo más allá de lo que el lenguaje aparentemente quiere decir, y con la certeza de que, mientras más completa sea la captación del mundo simbólico, más significativo será el mundo, ese mundo que, en el caso del ser humano, se expresa mediante la cultura, la cual, lejos de tener un solo sentido, lo cual la haría estática y árida, se nutre constantemente y ofrece una gama variopinta y dinámica de posibilidades simbólicas que leer y que habitar.



[1] Digo, medianamente, porque a través de los discursos científicos se pueden leer características sociales, culturales, políticas y económicas.

                                                                                                                                           

 


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