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Por: Hugo Alejandro Díez Montoya - Estudiante com. Social, tercer semestre
UPB -
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Y no menos riesgosa de lo que imaginaba
resultó ser la noche del graffitero: una mezcla entre temor, las rodillas me
temblaban sin control. Agilidad, no había espacio para los errores. Vértigo,
sentí más de una vez el vacío en el estómago. Rapidez, no podíamos tomar más
tiempo de la cuenta. Adrenalina, sentí el peligro asechando toda la noche; y osadía
porque era conciente que en cualquier momento, con lo intolerantes que
somos los colombianos, nos podríamos encontrar con una bala de frente.
En busca de un lugar donde lo urbano se
destacara al máximo y encontrar un tema
para este ensayo, me topé con una
expresión callejera que hace algún tiempo llegó a Colombia; pero que sólo hasta
hace muy poco tomó la suficiente fuerza para quedarse para siempre como un
componente más de la ciudad formando parte de lo cotidiano, de los paisajes de
cemento de la Medellín
de hoy, que al igual que otras ciudades ha visto como sus espacios vacíos y
fríos fueron llenados de color, creatividad e imaginación explotados al cien
por ciento por ese arte conocido como el graffiti.
Desde que esta técnica apareció tuvo
sus detractores que calificaban a los grafitteros como vándalos y desadaptados
sociales, todo por cuenta de una de las muchas formas de graffiti que existe
que es el de protesta, pese a todo hubo un público, en especial los jóvenes, que
vio en él algo atractivo, novedoso, un componente de transformación urbano, de
renovación, pero más que todo una forma de expresar pensamientos, posturas,
personalidades e ideologías en las diferentes partes del entorno que los
rodeaba. La juventud nunca tuvo la palabra y si la tuvo se le dio poca
importancia, fue éste entonces, la válvula de escape y de comunicación que
utilizaron para que su pensamiento fuera reconocido.
Diego o "The grüve" como se le identifica
en el mundo del graffiti, lo conocía desde el colegio y como dibujantes que éramos
nos la llevábamos bastante bien. Decidí llamarlo para comentarle que quería
saber cómo hacían los grafittis, a qué horas, qué días, cuántos participaban,
qué instrumentos utilizaban, en fin, toda la información que me permitiera
redactar un artículo sobre el tema. Me comentó que no había vuelto a hacer
porque estaba dedicado a la universidad por completo, pero que si yo quería,
aprovechábamos la noche del lunes festivo, cuando ya no encontráramos mucha gente en la calle y hacíamos uno que
otro, yo acepté, aunque para mí significaba un reto: era exponernos a peligros
y riesgos...ser sorprendidos por la policía, "los de limpieza" y la misma gente
que rechaza esta práctica y que poco dudaría en atacarnos o decirnos algo.
Visité varios sitios de Internet para
documentarme un poco acerca del tema y me vi sorprendido ante la acogida e
importancia que tiene este arte en todo el mundo; habían muchos sitios
dedicados al tema: artículos, guías, tutoriales, respuestas a las preguntas más
frecuente sobre la técnica y las diferentes formas de graffiti que existen,
cada una con su explicación e historia. Me llamó la atención las tendencias que
se manejan y los estilos particulares de cada artista, los trazos, colores,
técnicas y temas que permiten reconocer la personalidad de cada graffitero, lo
que constituye algo así como su sello de identidad o su firma.
La mayoría de las páginas eran de otros
países: Estados Unidos, Argentina, España, México, Uruguay, Inglaterra,
entonces busqué en páginas Web colombianas y encontré dos en particular, una de
Medellín donde se le daba más importancia al cómic y a las secuencias que al
graffiti en sí; y una bogotana que es del grupo o movimiento de graffiteros más
importante del país, que está conformado por varios artistas que le toman fotos
a sus obras y las publican en Internet, todos bajo el mismo seudónimo "Excusa2".
Grafitti pendiente
Volviendo al tema de la salida a
"graffitiar", previamente recibí la
asesoría de Diego acerca de los materiales a comprar, entre ellos papel Kraft y
aerosol negro mate o del color que quisiera, también me insistió que llegara
temprano a su casa para hacer un par de plantillas en stencil, una técnica que
es utilizada por otros artistas y que en la actualidad es bastante empleada por los
graffiteros.
Compré lo que me dijo y llegué a su
casa, cerca de las 8 de la noche, a esa
hora ya había poca gente en la calle, más tarde con seguridad ya estaría en
completa soledad. Yo empeliculado con el asunto me fui de ropa oscura, a lo que
él me dijo en tono burlón que "de negro o de amarillo pollito si nos veía la
patrulla o el celador de algún barrio, igual tocaba correr". Ya tenía listas
dos plantillas, una la había sacado de un CD de la Pestilencia y la otra
ya la había utilizado tiempo atrás: un patito de hule y un casette de
grabadora, hizo otros dos con el papel que yo llevé, los enrolló y los metió
junto a los aerosoles en un morral, esperamos a que fueran las 10:30 para
salir, nos fuimos con su hermano que también quería conocer algo de esta técnica.
Efectivo, ya las calles estaban
desoladas, sólo se veía uno que otro taxi pasar de vez en cuando, las pocas
personas que se observaban, caminaban rápido y ni siquiera nos miraban, anduvimos
un poco para ver cómo estaban las calles y para buscar un buen muro donde estampar lo hecho. Todo estaba muy tranquilo
hasta que encontramos el primer lugar apto para hacerlo, el muro de una fábrica
abandonada, ya otros graffiteros lo habían utilizado, unos graffitis no muy
buenos como el que escribió "robin LDS" gigantesco y en verde para acabar de
ajustar; habían otros tantos como un Volkswagen Beatle, la famosa lengua de los
Rolling Stones, y otros con mensajes diversos: "menos cámaras, más sexo"
(seguro fue durante el auge de cierto reality) en fin, fue entonces cuando la
euforia y ansiedad me invadieron, quería hacer todo muy rápido, y este trabajo
para que quedara bien, constaba de calma y de ser muy pulidos.
Me olvidé por completo de los graffiti
y lo único que hice fue mirar para todos lados, cualquier movimiento en el entorno lograba alterar mis nervios al máximo,
teníamos que poner bien la plantilla para que la pintura no se regara y delinear
los bordes hacia adentro para delimitarlos; si bien en la fábrica no había nadie
estábamos en una vía principal y en cualquier momento podía pasar la policía,
lo peor de todo es que no era una zona residencial y teníamos pocas salidas en
caso de tener que correr. Mientras pintábamos, muchos carros pasaron por ahí,
yo estaba un poco asustado de que alguien nos fuera a decir algo. Diego con
toda la tranquilidad del mundo y como si estuviera en la sala de su casa o en
su cuarto seguía rociando con aerosol la parte libre de la plantilla, que
cuando la retiramos vimos que había quedado un poco movida y la pintura se
había corrido, pero igual se alcanzaba a reconocer la figura, no le presté mayor atención, lo único que
quería era alejarme lo más rápido posible; sacudió un poco la plantilla para
que se terminara de secar y poder guardarla en el morral.
Seguimos nuestra noche de graffiteros
caminando, buscando el lugar para el casette que era la plantilla que seguía,
entonces llegamos a la placa polideportiva de un barrio residencial, los muros
ya estaban rayados, algunos dibujos estaban hechos con vinilos y era obra de
niños; otros estaban con marcador y unos pocos con aerosol pero no eran
graffitis artísticos, sino de equipos de fútbol y de sus barras bravas, el
sitio era perfecto, muchas personas transitan por allí y el punto donde íbamos
a rayar era muy visible, el único problema es que había un celador que pasaba
en bicicleta muy seguido vigilando las casas y los espacios públicos; esta vez
tendría que ser mucho más rápido y ágil, les advertí que nos fuéramos a otro
lugar para evitar problemas, Diego insistió que lo que haría el señor en caso
de vernos rayando el muro sería bajarse de la bicicleta y pedirnos el favor de
no seguirlo haciendo, que por algo tan simple no nos iba a "sacar el machete, los
guachimanes no cargan revolver", me dijo ignorándolo.
Preferí que a Diego le ayudara su
hermano, y así yo vigilaba. Sacaron la plantilla, la pusieron en el muro en la
parte alta para que se viera más y Diego comenzó a pintarlo, yo continuaba
pendiente de lo que pudiera pasar a nuestro alrededor para avisarles, cuando ya
habían terminado y estaban enrollando la plantilla, apareció el señor que lo
único que hizo fue mirar lo que estábamos guardando, sin detenerse, siguió su
camino.
Al final de la noche, con las manos
negras de pintura llegamos a la casa de Diego, cansados de caminar y con la
tranquilidad de haber regresado bien. Terminamos la jornada escuchando las
historias de este graffitero que conoció la mañana encerrado en una estación de
policía o cansado de escapar de los insultos de muchas personas que se
molestaron por los rayones y dibujos exagerados en sus paredes. Mientras que
sigan ocurriendo historias como la de Diego, este arte continuará siendo
clandestino.
En Colombia las cosas vienen mejorando
para ellos. Ya muchas personas cambiaron su forma de ver esta práctica, que se
ha ido ganando un espacio entre la rutina, la cotidianidad del ciudadano; en
Bogotá, a los graffiteros de "Excusa2", los dueños de lotes baldíos y
edificaciones les han permitido realizar
sus graffitis, como ellos, muchos hemos entendido que más allá de la Web y de algunos comerciales,
la calle siempre será la mejor galería para la exposición libre y abierta de
las creaciones de nuestros graffiteros.
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