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Por: Luis E. Robledo - Grifiano -
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El próximo 11 de noviembre seremos testigos del centenario del nacimiento
de la artista antioqueña Débora Arango Pérez, una mujer de gran valor, el cual
lo convirtió en su mayor inspiración para la creación de sus obras.
Siempre defendió la libertad del
artista a pesar de haber vivido en un contexto con grandes conflictos
nacionales e internacionales, como fue la primera mitad del siglo XX. Una época
de cambios socio-económicos, políticos y educativos, donde se proponía un
cambio de mentalidad.
Era un periodo de gobiernos con
tendencias liberales paralelas a las que surgían desde el Ministerio de
Educación y Débora Arango Pérez indudablemente fue una artista que causó
revuelo porque el hecho de pintar figuras humanas desnudas (y especialmente de
mujeres) era algo altamente criticado por la Iglesia y los sectores
conservadores, críticos-opositores constantes durante la República Liberal[1].
Las obras de Débora Arango, alumna
ejemplar del maestro Pedro Nel Gómez, evidencian su sensibilidad por la
situación sociopolítica que plasmaba sentimientos de dolor, marginación, ironía
ante la división de dos partidos políticos que conllevaron a grandes problemas
futuros en nuestro país y los cuales aún persisten. "Débora Arango también trascendió en su época, rompió todos los
esquemas y siguió su propio camino de vanguardia. Su sublevación fue dura pero,
al cabo del tiempo, consagratoria. Su resplandor ilumina la historia"[2].
Así lo manifestó el expresidente Belisario Betancur en un artículo del
periódico El Espectador del 11 de diciembre de 2005 como homenaje por parte
suya y de Beatriz González a la pintora.
En Antioquia, por su parte, el clima
estaba también salpicado. Se vivía tensión por los contrastes entre lo moderno
y lo "anticuado". Medellín estaba creciendo en forma desproporcionada gracias a
un proceso de urbanización sin control, sumado al surgimiento de grandes
industrias fundamentadas en el modelo capitalista para la explotación de la
mano de obra. Había extrema pobreza y extrema riqueza. Por eso gran parte de
sus obras son denominadas de "denuncia social" como Madona del silencio o maternidad en la cárcel, El tren de la muerte, Salida
de Laureano y Rojas Pinilla.
Para muchas mujeres de su generación (y
de futuras generaciones), Débora Arango fue la chispa que "les abrió los ojos"
para que rompieran su silencio y entendieran la importancia de ser mujer, de la
belleza, la sutilidad, la exuberancia de un ser dominado, sin poder político y
sumisión social obligada por la violencia, el poder y el dinero de los hombres
en aquel entonces. Consideró, así mismo, a la Iglesia como hipócrita y
patrocinadora de una sociedad retrógrada y opresora[3],
aseveración que le costó la excomunión, siendo una mujer con una devoción
infalible por el catolicismo y en particular por San José.
Luego de recibir ese señalamiento de la Iglesia ella decide, desde
su profundo aislamiento en su casa de Envigado a partir de 1945, emanar
libremente su imaginación expresada en las impactantes, coloridas e
irreverentes pinturas que hoy en día se conservan y exhiben en el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM)
para la admiración del país y del mundo entero.
No le importó su encierro, ni los
comentarios en su contra; tampoco tuvo tentación por la moda y las nuevas
tendencias que se iban imponiendo en la sociedad durante la segunda mitad del
siglo XX. Al salir de su encierro no guardó rencores.
Sin embargo, el gobierno nacional y el
país quedaron con una deuda que finalmente se pagó con la diversidad de
reconocimientos que obtuvo desde los años 80 hasta sus últimos años de vida,
tal como lo previeron los periodistas durante la década de los años 50[4] y aún
hoy en el año 2007, dos años después de su fallecimiento y al cumplirse el
centenario de su nacimiento.
Entre esos reconocimientos están el
Premio Secretaría de Educación y Cultura de Antioquia a las letras y a las
Artes en 1983, la Gran Cruz de la Presidencia de la República en 1994 y el
Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura en 2004.
Tal vez el mayor logro de Débora Arango
sea precisamente el hecho de seguir escribiendo sobradas admiraciones acerca de
su obra, y lo acorde que era con su estilo de vida. El continuar siendo ejemplo
para generaciones actuales y futuras... facetas, y logros que superan a la muerte
misma, he ahí la gracia de esta mujer de mirada fuerte y figura en apariencia
volátil, pero firme en sus convicciones; sólo queda decir que habrá Débora para
rato.
[1] FERNÁNDEZ URIBE, Carlos Arturo/ BRAVO DE HERMELIN, Marta Elena. "Débora Arango". Centro Cultural y Educativo
Español "Reyes Católicos" 03 al 25 marzo. Art Editions - Bogotá (Colombia).
2006.
[2] "Débora Arango, la
revolucionaria del arte colombiano" en periódico El Espectador. Gente/5E.
Semana del 11 al 17 de diciembre de 2005.
[3] "Débora Arango". Una revolución inédita del arte colombiano
Septiembre-Diciembre de 2004".
Edita: ADAMA
[4] "Débora Arango, rebelde
vanguardista" en Periódico El Informativo Metropolitano. Diciembre de 2005. PG.
7.
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