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Pilar Velásquez / Fundadora de El Grifo
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Recuerdo de una manera borrosa pero con
nostalgia el famoso programa de la televisión colombiana: "El Mundo al Vuelo
con Héctor Mora". Un documental de viajes con un sentido cultural e histórico
que durante mi niñez remplazaba inmediatamente por el canal de muñequitos.
Los intereses que predominaban en
aquella edad estaban enfocados en jugar
con los amigos del barrio y esperar el
fin de año porque ya se estaban programando las vacaciones para ir a la costa.
En esa época de mi vida, el mundo se dividía en dos: las montañas de mi ciudad
y el mar a 14 horas de trayecto en auto. Sin embargo, a medida que fui
creciendo empecé a comprender que el mundo era mucho más grande que eso, que
Colombia no era el único país del planeta y que el español no era el único
idioma para comunicarse. Entonces poco a poco me di cuenta que faltaba mucho
por conocer y mucho más por recorrer.
No llevo 26 años viajando ni he logrado
visitar más de 100 países como ya lo ha hecho Héctor. Tampoco llevo cámara al
hombro y esta es la hora en que todavía estoy ahorrando para una cámara digital
de fotos. Sin embargo, vivo en un país que queda en medio de Europa, y gracias
a su pequeño tamaño las fronteras de sus cuatro países vecinos quedan a pocos
minutos de la ciudad donde actualmente resido. Además, el desarrollo de su
infraestructura de transporte permite viajar más barato en avión que en carro. Es
así como con pocos Euros y en pocas horas, es posible visitar ciudades como
Londres, París, Berlín, Roma, Madrid, Copenhague, Viena, Milán, Barcelona, Praga,
Estocolmo, Munich, Florencia, y otras ciudades e innumerables pueblos del viejo
continente.
Viajar en este otro lado del océano es
una actividad tan común como dormir o comer. Existen precios para todos y
facilidades de hospedaje de todas las maneras posibles para que nadie se quede
en casa. El movimiento de entrada y salida de gente a todos estos países es tan
abundante y frecuente que por eso se inventaron un acuerdo llamado Schengen. El
acuerdo donde las fronteras de Europa desaparecen y hasta empiezan a integrar
países del Este para que sean un solo territorio de migración.
Con todas estas condiciones, ¿quién no
viaja? Los mapas están a la mano, cada aeropuerto o estación de tren tiene una
oficina de información para turistas, las carreteras tienen letreros por cada
kilómetro, las facilidades tecnológicas como el GPS y la Internet permiten
tener toda la información necesaria sobre hoteles, restaurantes, bares, museos,
sitios de interés y costos en conversión de moneda. Viajar se hace tan sencillo
como abrir la puerta de la casa y salir a caminar.
Cada viaje trae sus historias y cada
historia sus personajes. Se abre el mundo, se conoce gente, culturas, formas de
vida, otras rutinas. Viajar es como hacer un "acuerdo Schengen" consigo mismo
donde se elimina las fronteras de su propia realidad y se acepta descubrir
otras, sin necesidad de negar sus raíces pero disfrutando ser ciudadano del
mundo.
Hay diferentes formas de viajar: viaje
de turismo, viaje de negocios, viaje de peregrinaje, viaje para vivir en otro
lugar, viaje de placer, viaje de escape, viaje obligado, viaje de un día, viaje
de meses, excursión, recorrería, gira, expedición, paseo, caminata y hasta vuelta
a la esquina. En todos estos viajes se viven cosas nuevas, se abren los ojos, se
sale un poco del ombligo de uno mismo y se aprende...
Entre más se viaja, más intereses se
despiertan. Ya recorridos unos lugares, el ser humano necesita transitar por
otros. Ver otros caminos, atravesar otros ríos y trazarse nuevas rutas. Viajar
es explorar y aventurarse a dejarse sorprender por la variedad y multiplicidad
de tradiciones, costumbres, gastronomías e idiosincrasias que habitan nuestro
mismo planeta. Al viajar, las teorías sobre la globalización pierden forma porque
se aprende que el mundo no es uniforme ni se puede homogeneizar, como lo confirma el periodista de aquel
programa de mi niñez, no como filósofo sino como viajero: "Entienda que las
culturas extranjeras son para mirarlas y no para corregirlas",
Por eso cada vez que tenga tiempo y un
poco de dinero no dude en invertirlos en viajar. Yo sólo recomiendo: un par de
tenis, un abrigo, un cepillo de dientes, mochila al hombro y ganas de explorar.
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