Y abril se llevó La Hoja PDF Imprimir E-Mail
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Ricardo Correa Ramírez / Colaborador El Grifo / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Abril nos sorprendió con la noticia de una muerte casi anunciada.  La Hoja, publicación de periodismo independiente que circulaba en Medellín y Bogotá cerró su imprenta. Cesaron los esfuerzos por sobrevivir en una sociedad en la que, al parecer, no encuentran viabilidad las propuestas informativas de calidad; esas que hacen pensar, que  incitan a una mirada más allá de los convencionalismos y  dejan huella, construyen historia.
lahoja

 

Fueron 16 años de este proyecto que nació como un sueño de narrar esa ciudad no contada y necesitada de información a profundidad, de abrirle un espacio a la expresión, de buscar un impacto social a la compleja realidad de nuestros días pasados y encontrar en hechos y personajes cotidianos las historias más increíbles y maravillosas.

 

Diferentes perspectivas. Una forma creativa y  siempre innovadora de cautivar a sus lectores. La lucha por sobrellevar las dificultades económicas propias de un medio independiente, las cuales finalmente fueron la causa del colapso.  El ejemplo todavía vivo de un periodismo serio. Toda la pasión impregnada pareció poca al final del camino de esta gran historia impresa. La Hoja se acabó para sorpresa de muchos de nosotros sus  colegas y seguidores.

 

Otros, no obstante, ni se enteraron de esta pérdida y si lo hicieron, se hundieron en la misma indiferencia que está agobiando al país. Qué más da, pensarán ellos (si es que lo hacen), si cada día se pierden centenares de vidas humanas en Colombia, mueren personas en esta agobiante guerra o en  absurdos accidentes de tránsito, mueren las esperanzas, matan las oportunidades, se pierde el pudor y la razón en la política, se pierden los campos, se apagan corazones en los montes y selvas del territorio nacional. Pero no importa.

 

Qué  importa que se acabe La Hoja, que mueran propuestas de periodismo cualificado e independiente que plasmaban en sus escritos la historia de la ciudad. Qué importa eso, si en Antioquia ya murió el Ferrocarril, el teatro Junín,  los patrimonios arquitectónicos, los cines de barrio, los juegos de calle y tantas otras cosas más.

 

Qué importa si Medellín o Bogotá ya no serán contadas bajo la mirada de este grupo de periodistas críticos, investigativos y perceptivos, si ya estamos perdiendo hasta el aire para respirar dignamente. No nos interesa, pensarán, pues a cambio,  los medios nos ofrecen más imágenes que análisis, más colores, más banalidades, más lectura fácil, atractiva y publicitaria que contexto. Si en los semáforos encontramos prensa con el amarillismo necesario para alimentar nuestro morbo. Si tenemos una televisión tan interesante y culta. Si en las noticias encontramos recetas de cocina, trucos caseros y chismes de los famosos. ¿Periodismo? ¿Eso para qué si supuestamente somos el segundo país más feliz del mundo?

 

Lágrimas de tinta Negra

 

¨ Mi alma de periodista frustrado está de luto y llora lágrimas de tinta negra ¨, escribió uno de los tantos amigos de La Hoja en su última edición, en la cual  quedaron plasmadas muchas palabras de agradecimientos, condolencias y apoyo de lectores, periodistas y patrocinadores.

 

En la última hoja de la última edición de La Hoja, su editora Ana María Cano también nos  recordó  cuáles fueron los mayores atributos de la publicación durante sus 188 meses de existencia.  El creer en la ciudadanía como fuente inspiradora, el lograr un periodismo explorador de los modos de vida cotidiana, el recomponer la historia de las mentalidad sobreponiendo las dignidades por encima de los actos violentos, el llevar mensajes constructivos y otras tantas virtudes más, fueron recalcadas por la periodista en sus palabras finales a cargo del medio que concluyó así su valiente  historia.

 

Y paradójicamente, mientras La Hoja cerraba su ciclo, en El Grifo celebrábamos la publicación de nuestra edición número 51. Tuvimos en abril dos sensaciones contradictorias para el buen periodismo escrito de ciudad, una buena y una mala noticia, como suelen decir. Si bien la mala nos duele,  la buena nos llena de ganas y energía para seguir explorando, descubriendo y narrando esta ciudad bajo una propuesta periodística de estilo joven  y diferente.

 

Abril se llevó la Hoja, es cierto, pero nos revitalizó de energía a los ¨ Grifos ¨ que nos resistimos, creo, a  sucumbir  ante los monstruos despiadados que tan poco espacio le están dejando a  la cultura, la opinión, el análisis, las historias cotidianas y las investigaciones periodísticas en esta ciudad.

 

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