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Sebastián Vallejo / Periodista El Grifo /
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La última función del bizcocho de teatro no iba a poder ser disfrutada, pero abracadabra...
Llegué tarde a la taquilla del Teatro Metropolitano, ya no habían boletas
para ver el circo de la Familia Dimitri, de la misma tierra de Hofmann quien murió hace poco. De Llegaban de Suiza y su encantador universo del circo, para clausurar el bocado del Festival Iberoamericano de Teatro para Medellín, y las entradas estaban agotadas, pero por la cabeza no se me pasaba la idea de quedarme sin el postre; la cena estuvo para lamerse los dedos, todas las funciones encantaron, con el condimento además de que siempre había terminado mejor ubicado de lo que debía.
Para la entrada de Espérame en el Cielo, tenía acreditación de prensa, la boleta era para estar a unos 80 metros del escenario, y terminé viéndola a 20 metros; para el plato principal, Soap Making Sense, compré la boleta de 20 mil pesos, o sea en el balcón y terminé de nuevo a unos 20 metros de las tablas, dije que había quedado de entregarle la cámara del periódico al fotógrafo, pero que él ya había entrado y que tranquilas que yo ya volvía a salir; en la ensalada, Ultratango. Cuando llegué a las taquillas ya se habían acabado las de 20 mil y esperé que de pronto llegara alguien con boletas para obsequiar: en la segunda función una pareja le regaló una entrada a una joven que hacía la fila detrás de mí, pero nada de samaritanos y cuando ya me resignaba y me enrumbaba camino a casa, los revendedores tenían boletas sin negociar, y de las puertas del teatro alguien anunciaba que el espectáculo empezaba, entonces le dije a un revendedor que sólo tenía 23 mil y me pasó la de 20, pero llegaron 2 mujeres preguntando por boletas de 20 mil, y sólo los revendedores tenían una, fue así como en mis manos apareció ya una entrada de 40 mil, y otra vez cerca al telón.
Ni Coca Cola ni tinto, agua
Para deleitarme con el montaje encabezado por uno de los 5 mejores payasos del mundo, papá Dimitri, llegué tarde para asegurarme la boleta, el presupuesto era para la de 30 mil, ese día todas las entradas subieron 10 mil pesos, entonces esperé de nuevo a que alguien llegara con boletas para regalar, pero era prácticamente imposible. Alrededor de la taquilla otros gallinazos esperaban señal alguna, de pronto a un señor gordo le sobraba una entrada, le dije que me la vendiera en 30 pero era de 63 mil, y cuando otro chulo dijo que él la compraba, apareció un amigo del gordo y soltó "Coca Cola mata tinto", me dieron ganas de decirle que prefería mil veces ser tinto que Coca Cola.
De pronto llegó el vigilante preguntando a los que estábamos alrededor, le dije que esperaba a mi mamá, y enseguida vi como la puerta de entrada a las oficinas se quedaba sola por instantes y pensé que por ahí me colaba, en la recepción no había nadie, pero justo antes de llegar a cruzar la puerta, apareció una señora.
Ábrete sésamo
Me fui a dar una vuelta alrededor del teatro, ni fe ni esperanzas ni ilusiones
se daban por vencidas, pasaron 2 señores que no tenían boletas de sobra, vi unas puertas, una era como del aire acondicionado y la otra en ese momento no supe de qué era pero se abrió cuando la halé. Cables por el piso, sombras, varillas, telas, y de pronto estaba detrás del telón.
Caminaba buscando la salida al sitio para el público, pero no lo encontraba, del otro lado 2 hombres ajustaban labores, caminé como si pudiera estar ahí y cuando dejaron de mirar busqué guarida y la encontré en una entrada que daba cabida a dos cuartos y salida al escenario.
Detrás de la puerta que cerraba la entrada al tablado me acomodé con la ayuda de una tela negra que cubría la puerta, me sentía descubierto cada que una persona pasaba, la posición era pegado al máximo a la puerta, y yo a su vez cachete con cachete a la pared, las rodillas temblaban, de pronto me acordé del celular, y uno de los hombres que pasaban de overol marca Teatro Metropolitano, dijo haber abierto las puerta de emergencia, y aconseja sonar el primer timbre, pensé: "el primer timbre, entonces faltan como 10 minutos mínimo."
Siempre está en vibrador el celular pero era mejor apagarlo, aunque sacarlo del bolsillo no era lo más fácil por la posición en que estaba; llega de pronto una de las actrices afinando su guitarra, instrumento que recibió junto a su cómplice uno de los mayores aplausos de la noche. Yo le respiraba en la nuca, si se recostaba en la puerta o vibraba el celular, era mi final, entonces le quité la batería porque no me acordaba si sonaba al prenderse o apagarse, y supliqué que no se recostara. Uno tras otro Dimitri pasaban frente a mis narices; de pronto una señora habla y dice que hay que esperar un poco porque en la entrada hay un taco, y yo trataba de no pensar en las rodillas y en el espacio que de cierta manera me delataba a las personas que entraban y salían.
Aquí no puede estar
Comienza el show, los aplausos y las risas se empiezan a apoderar del ambiente, pienso que debo esperar un poco todavía, pero no aguanto y salgo a buscar la entrada al lugar del público, estoy perdido y llego a las escaleras que van a los camerinos, me devuelvo y me encuentro una mona en monociclo y me dice en suizo-español que no puedo estar ahí, y vuelve y me repite que no puedo estar ahí cuando le pregunto por la salida a donde están los espectadores.
Veo por fin el camino que debe ser el que estoy buscando, abro un poco la puerta para ver cómo está la situación, un señor al frente sentado sobre un muro y no en las sillas, me imagino que debe ser del teatro, y pues ya no hay de otra: suerte o muerte, y más suerte de nuevo, el señor no dice nada, termino sentado junto a él, pero cuando hay un receso éste entra a la zona detrás del escenario por la puerta que yo había salido, y mejor prefiero ir a buscar de fachada a un camarógrafo y una fotógrafa.
El mundo de las maravillas
Papá Dimitri persigue mariposas y las envía a las venas del público, dibuja en caballetes payasos de cabeza que se convierten en realidad al salir de armarios en el aire, para tomar vino boca abajo, y caminar además. El circo de la Familia Dimitri también ofrece malabaristas que juegan con paraguas mientras bailan en la cuerda floja; y payasos que se quieren tomar de ruana el show.
Pude sentir entonces la magia que transmite y conecta con aquellos tiempos que oías a un león decirte buenas tardes, gracias a papa Dimitri como Director de orquesta, y sus familiares contorsionistas, malabaristas, payasos, y músicos, pues también crean melodía que deja las manos llenas de recuerdos al aplaudir. El mundo de los Dimitri se envuelve junto al público por un lapso de tiempo donde las sonrisas dibujan paisajes en el niño que siempre hay dentro, para que así los abracadabras a las puertas de emergencia funcionen.
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