Moda arrow Moda arrow Moda arrow Por un pelito
Por un pelito PDF Imprimir E-Mail

el-editorial  al-stilo-del-pacifico  converse  cubrimiento 
bisutera-empirica  tres-fragmentos   glosario  

 

Gabriel Ignacio Castrillón H. / Periodista / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

En la bellísima playa de Bahía Concha, en Santa Marta, me quité la camisa para disponerme a disfrutar del mar. Estaba con un amigo de Armenia, Quindío, y con un par de amigos samarios. El cuyabro se rió de mí porque tenía las axilas rasuradas y quiso ponerme en ridículo. Los otros dos compañeros de playa me apoyaron y mostraron orgullosamente sus pliegues articulares igualmente carentes de vello.

 

Esta semana, me llegó un correo de alguien en el que aparecen las

peter-dazeley
 NOTAS RELACIONADA

Un punto a favor
Dime de dónde eres y te diré cómo te depilas 

"Playmates" de toda la historia de la revista Playboy, desde 1953 (Marilyn Monroe), hasta 2007. Mujeres muy lindas, quizá las más lindas del mundo, pero que también me demostraron que el vello, de bello no tiene nada. ¿Cómo no se va a ver mejor la "Playmate" de 2004, con su pubis completamente libre de pelo, que la de 1985, que hace pensar en la inhóspita, húmeda y hostil selva amazónica? 

 

Por esto me convencí de que tenía que emprender una labor que sería ardua, pero que consiste en concientizar a los hombres y mujeres colombianos de que el refrán "donde hay pelo hay alegría" es falso.

 

Y no voy a referirme mucho al hábito de "roza" que deben adquirir las mujeres, porque me parece que aquella fémina que se resista a tal hábito es porque quiere tener una mala reputación entre el género opuesto. Además, su estoicismo histórico, que incluye tener hijos, cólicos menstruales, crianza de hijos, aseo de la casa sin esperar ayuda del macho, entre otras dolencias, ha hecho que depilarse, rasurarse y conservarse lampiñitas sea una labor cotidiana, sin misterio e indolora.

 

Pero creo que sí debemos -y digo debemos porque tenemos que hacer una campaña muy fuerte quienes estemos convencidos de que el "siete curvas" pasó de moda- convencer a nuestros congéneres de que no es estético, de que es inclusive cochino y retrógrado.

 

Y para los que están pensando que soy una "loca" fastidiosa, a aquellos que duden de mi gusto por las mujeres, pues déjenme decirles que no es así, que me encantan las mujeres y que la vida ha puesto en mi camino (y en mi cama) unos ejemplares femeninos inigualables. El punto es que la ausencia de pelo en ciertas partes del cuerpo no significa homosexualidad. Pregúntenles a las mujeres -las normales, las lindas, las modernas, las chimbitas, las apetecidas, no a una vieja gorda que venda empanadas grasientas en una fonda caminera- qué es más sexy.

 

Comencemos por esta parte, por el gusto de las mujeres. Está bien que un

queerstock

hombre completamente lampiño es raro; hasta yo dudaría de un espécimen así y con toda seguridad no lo invitaría tranquilo a que nos tomáramos una cerveza. Pero a ellas les gusta verlo entero, no ver solamente una tripa rojiza que sale de un matorral oscuro. Señores, piensen en la pesadilla que sería un "cunnilingus" para después escupir alambre. Imagínense en una selva a la que hay que entrar con machete, botas pantaneras y ponerse "Nopikex" para evitar bichos. Pues eso mismo lo viven las mujeres cuando les toca un hombre que cree que ser un hombre de "pelo en pecho" - y en otras partes- es sinónimo de virilidad, de masculinidad.

 

De igual forma, un "sobaco" peludo es muy desagradable. ¿Ustedes creen que a su mujer le fascina cuando ustedes han terminado de jugar fútbol y van a abrazarla y la gota que hace un segundo estaba en uno de los pelos "axilares" queda en su hombro? Eso no es chévere, no se ve bien.

 

Continuemos con el tema del desaseo. En primer lugar, tengo que decir que un jabón no se ve bonito con pelitos ahí. No conozco la primera mujer que entre al baño y, al ver el jabón que dejó su marido, diga: ay, qué lindo Juancho, me permite afeitarle este jabón blanco todos los días..." Y ustedes mismos han entrado a un baño público -más concretamente en un billar o un bar... o algo bien masculino- en el que hay hebras que podrían ahorcar a cualquiera por lo largas, olvidadas en el borde del orinal o en los huequitos de éste, que aún cuando les apuntamos con el chorro se resisten a irse. O que, peor aún, se aferran al chicle que hay allí olvidado.

 

No estoy diciendo que se enfrenten a la cuchilla de afeitar, porque nosotros los hombres no somos tan valientes, como ya dije antes, tan estoicos como para afrontar un corte o una reacción alérgica, pero las máquinas de motilar tienen forma de bajarle al tamaño de los indeseados bellos. Piensen en esto: ¿es más bonito un campo de golf, bien podadito y cuidadito, o un potrero cenagoso con el pasto hasta las rodillas? ¿A cuál entra usted con más confianza?

 

Señores, los arrieros eran velludos y lograron construir ciudades y pueblos en lugares inimaginables. Sé que nos sentimos orgullosos de que por nuestras venas corra la sangre de esos prohombres. Pero si esa lógica aplicara, tendríamos que dejarnos caer los dientes o forrárnoslos en plata y oro, dejarnos el mugre en las uñas, sacarnos la carne inter-molar, post-almuerzo, con la uña del pulgar -que se la dejaban más larga quizá para eso- y dejarnos los pies oliendo a pecueca.

 

Pregúntele a su pareja que si le gustaría ver al "amiguito" libre o en un nido de garza. Y si no tiene pareja, inténtelo una vez y véase al espejo. Notará además que nunca más habrá nada que haga de una erección impertinente e imprevista, un infierno por cuenta de los "jalones".

Alianza por una Colombia sin Pelos.





 

 
< Anterior
conectados-en-facebook
Ingresar al Sitio





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí