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Si Batman fuera
colombiano / Emos: arquitectos
de lo imaginario /La bolsa de los mandados / Al diablo con
Susana /
La
pereza
Por: Ana Isabel Ochoa Uribe
/ Estudiante Com. Social UPB /
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Muchas
personas de Medellín jurarían que aquellos sujetos que visten con los
colores
rasta o que llevan en su pelo los llamados "dreadlocks" (pelo natural de los rastas,
especie de trenzas que se lavan con productos de la naturaleza) son individuos pertenecientes a esta subcultura,
pero la realidad es otra. La cultura rasta, al tener elementos muy llamativos,
como su música, hace que algunos jóvenes incursionen en ella por determinados
periodos de tiempo, confundiéndose así con los verdaderos rastafaris.
El
problema es la sociedad, en realidad no es fácil diferenciar los auténticos de
los falsos. En el parque de El Poblado de Medellín, me encontré con un
personaje que llevaba dreadlocks en su pelo y una que otra manilla verde,
amarilla y roja en sus muñecas, su nombre es Mateo y él como muchos otros es
uno más que asegura no pertenecer a la subcultura rasta, pero que acepta la
afinidad que tiene por ciertos conceptos de la misma. Mateo no sabe, no conoce
o simplemente no le interesa aprender de esta cultura y sin embargo es visto
como un miembro. Cuenta que en la calle, en la casa y en el trabajo ha tenido
millones de dificultades simplemente por llevar su pelo de manera diferente o
por lucir un objeto mínimo que trae los colores representativos de esta
cultura.
"En
esta ciudad son muy intolerantes, se supone que este es un país libre, pero
¡qué va! Yo me hice mis rasticas en el pelo porque simplemente me quería ver
diferente y sentirme más original, pero estoy que me las quito porque todo el
día tengo a los tombos encima revisándome a ver si tengo marihuana, a mi mamá
ya no me la aguanto echándome cantaleta para que me arregle porque, según
ella, tengo aspecto de mugre y de
hippie, y en el trabajo, como es un bar de rock, me dicen que no van con la
filosofía y que no hacen buena propaganda" .
Malos entendidos
Que adultos
mayores, policías y hasta los mismos jóvenes no comprendan
bien la diferencia
entre un falso y un verdadero rastafari es un indicativo de que esta es una
subcultura casi nueva en la sociedad y lo que se sabe de ella es muy poco o tal
vez, muy negativo. Cosas como el uso de la marihuana, el vegetarianismo, el
rechazo al capitalismo, y hasta sus "pintas" tranquilas y desjaretadas hacen
que ésta sea vista como algo que rompe con lo tradicional y por ende como algo
no muy aceptado.
Sara,
una rastafari que creó una de las comunidades más grandes en Medellín, como
buena líder sabe muy bien cada una las filosofías de los rastas, conoce el término
de palabras como Babilonia, Sion, Ganjah, Tam entre otros; sabe quiénes son
personajes como Haile Selassie y Marcus Mosiah Garvey y distingue muy bien como debe ser usada la marihuana en su
comunidad. También ama la música reggae como a su propia vida y asegura que no
necesita de lo material para vivir en felicidad. Para ella no hay diferencia
entre los seres humanos, por eso mismo tampoco las había entre los verdaderos y
los falsos; piensa que todos deben tolerarse y sobre todo respetar las raíces
de donde venimos.
"Los
rastas nos caracterizamos por vivir en el amor y en el ini (la paz que lleva el rasta con la
naturaleza y los demás seres vivientes) para nosotros lo fundamental es
querernos unos a otros sin importar nuestras diferencias, muy pocas cosas me
chocan de los que adoptan algo de nosotros, pero lo que sí me enerva es que por
culpa de los wolfs, impostores de la fe rastafari, que usan dreadlocks y fuman
ganjah, nos tilden de drogadictos y nos hagan a un lado en la sociedad (...) Muchos
jóvenes están medio metidos en esto simplemente por el reggae y porque creen
que por ser "rastas" no los joden, pero esto es falso, a nosotros las bestias (policías)
también nos joden, sólo que como siempre llevamos la dosis personal nos dejan
ir; además, todos esos impostores se fuman los porritos por puro placer, por
recreación, mientras que nosotros lo hacemos
por rituales más que todo religiosos y en fechas realmente importantes,
por ejemplo, el 6 de enero que es la celebración de la navidad en Etiopía, el
país de nuestras raíces . Al principio a
mí no me importaba ver por ahí en la calle algunos natty dread (jóvenes con
dreadlocks que no conocen bien sobre esta subcultura) pero ya sí me fastidia un
poco, pues la mayoría se refugian en
nosotros para hacer de las suyas. Eso sí: que quede bien claro que yo no
rechazo a nadie y que esa gente no me cae mal, ni mucho menos les quiero montar
la guerra, sólo que me parece que si uno lleva algo lo debe llevar bien
puesto".
Esto
es una confusión circular, sin principio ni final y aunque Mateo garantiza que
no vive en paz porque lo confunden con un rastaman de los originales, Sara dice que la culpa de
la mala fama que tienen es gracias a personas como Mateo. Pero la realidad es
que la diferencia sólo la saben ellos; la sociedad no la ve, para ella todos
hacen parte de lo mismo.
Los espectadores
"Vea,
la verdad es que es muy verraco para uno diferenciar quién es y quién
no. Nosotros
a la hora de requisar no nos podemos poner a preguntar sobre la vida de cada
uno y si de algo estoy seguro es que esa gente sea como sea, de verdad o de
mentiras, siempre porta marihuana. Muchas veces no se puede hacer nada porque
llevan lo permitido, pero otras sí. De pronto algo que diría yo, podría ser una
diferencia, es la procedencia de la yerba, ya que los más expertos, o de pronto los que usted
llamaría verdaderos, hacen su propio cigarrillo de marihuana, mientras que los
otros sí la consiguen por medio de lo jíbaros, igual no es algo concreto pues
no en todos los casos funciona así. Cuando vamos a los bares especializados en
la música reggae no encontramos casi de esto, la marihuana se ve más en los
parques", asegura Humberto Rodríguez, agente de policía de El Poblado.
A
pesar de no reconocer a estas dos clases de personas, hay varios bares donde no
se exige un pasaporte para entrar, donde no importa a qué combo se pertenece y
en los que a nadie le interesa quien se
es; allí se mezclan los verdaderos con los falsos, los que no saben nada con
los que saben apenas un poco; los que se echan culpas con los que no, pero de
todas maneras están bajo un mismo techo disfrutando de algo que tanto unos como
otros defienden a su manera : el reggae y la marihuana . En definitiva nunca se
van a diferenciar y aunque no han estado en conflictos de guerra, los unos
tienen muy claro que no van a ser como los otros.
Para
Esteban, otro joven que no pertenece a esta cultura, pero que tiene unas
especies de trenzas en su cabeza y que además ama el reggae, la solución está
en no fijarse si eres o no un rastafari "original" sino en simplemente hacer lo
que te nace desde el corazón; para él la diferencia no la hace nada en
particular pues todos son personas que
tienen gustos similares y que a la hora de la verdad velan por lo mismo, unos
con más fuerza que otros.
"Tanto
ellos como nosotros estamos en contra de lo cotidiano, porque si no fuera así,
no nos haríamos dreads. Muchos no apoyamos los sistemas actuales de gobierno y
vamos totalmente en contra del capitalismo, otros no se fijan en eso o lo
apoyan pero al final tanto los unos como los otros terminamos fumando ganjah,
oyendo reggae, llevando el pelo igual y visitando los mismos bares y parques.
Por eso no me parece trascendental que nos diferencien, pues si nos ven igual
es porque nadie marca la diferencia y creo que a nadie le interesa hacerlo de
verdad".
"A mí no me gusta que Mateo tenga ese pelo
así, pues eso era de la época de los años 60 donde esto se invadió de hombres
con el pelo largo que olían maluco, y aunque Mateo me explica que es diferente
el motivo por lo que él lo lleva así, para mí es lo mismo. Todos son una manada
de marihuaneros que se traban dizque para pensar mejor, y aunque no me consta
que Mateo lo haga, estoy segura que en
la calle lo ven igual a uno de esos". Asegura
Rocío Vélez, una mujer que no puede opinar sino desde su punto de vista conservadurista
y tradicional: a su edad (86 años), es difícil que vea a la sociedad actual de
una manera más abierta. Ella es la abuela materna de Mateo y cada día se
impacta más por la manera tan anormal
como su nieto lleva el pelo.
En
Colombia hay personas como Doña Rocío y jóvenes como Mateo que están en contra y a
favor del movimiento rasta. Unos que critican y otros que comprenden; muchos que juzgan con razones y
otros sin éstas. La clave está en aprender y vivir el día a día; ni todos los
falsos rastas son marihuaneros, ni todos los verdaderos rastas son sucios y no
importa si se diferencian o no, importa aceptarlos como parte importante de una
sociedad, como personas que aportan a la misma y que quizás sus pensamientos
pueden ser la clave para un cambio radical, sólo que por los prejuicios no son
escuchados o comprendidos. Mis derechos
terminan donde empiezan los derechos de los demás. Es ésta la verdadera esencia
de la democracia, la que nos permite vivir tolerando la diferencia, siempre y
cuando la misma tenga como base fundamental dos componentes inseparables: derechos
y deberes.
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