SOPA pa´ los niños PDF Imprimir E-Mail

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Paola Hincapié / Editora General / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 

 

SOPA

 

 

 

Mafalda nos dejó muy claro cuál era el plato que menos le gustaba; tal vez por eso parece increíble lo atractivo que resulta para los niños visitar el almacén que lleva por nombre esa parte del almuerzo, que suele acompañarse de fideos y que inspiró tantos diálogos de la caricatura de Quino: SOPA es un almacén en Oviedo de ropa infantil tan peculiar como su nombre. Entablamos un diálogo con Mónica Bravo, su diseñadora, y este fue el plato que nos quedó.

 

 

 


La mesa

 

Una cuchara, bastante sutil en la puerta, da la bienvenida a un almacén que se llena de color. Retazos de tela y muebles originales sostienen lo que podría ser el guardarropa más envidiable de cualquier niño: un pijama de astronauta, un tutú para la bailarina que toda niña lleva dentro, un vestido de brujita, zapatillas que perfectamente podrían ser los pies de Chewbacca, el personaje de Guerra de las Galaxias; todo contrasta con la cocina y el tablero que aguardan en un rincón para los clientes: como dice Mónica "en Sopa compran los niños".

 

Esa fusión entre la fantasía y el día a día de los pequeños hace que la filosofía de este almacén se cumpla: "un niño nunca se va a fijar en qué es lo que está de moda, a ellos eso es lo que menos les importa".

 

No hay una metodología para diseñar la ropa que en esta tienda se exhibe: ni las tendencias, ni los colores llegan al momento de crear; más fácil entran a jugar los súper héroes, o los oficios que los papás hacen: esto es lo que suele llamar la atención de los chicos, digamos que la diseñadora lo resume cuando dice "mi único referente es ser mamá".

 

Los cubiertos

 

Sopa permite explorar una nueva forma de abordar la moda infantil: la ropa

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que los papás compran para sus hijos puede ser divertida para ambos, tanto al momento de adquirirla como de usarla. Mónica es conciente que la ropa de sus clientes es perecedera, así que con los mamelucos, una de sus prendas favoritas, les propone a los papás que los lleven cuando al bebé ya no le sirva para ella reformarlo y que lo pueda lucir por otro buen tiempo.

 

La confección de la ropa infantil es de las más costosas que hay; incluso encontrar patronistas para este tipo de público no es fácil. Así que se esperaría unos costos altísimos, por la originalidad y exclusividad; sin embargo los precios van de $15.000 hasta $150.000 que es el valor de las ruanas hechas por la madre, tías y abuela de Mónica: "uno inmediatamente sabe cuando algo es creado por una máquina y cuándo es hecho por una persona".

 

El mantel

 

"Un cuento distinto" eso es Sopa: los diseños en serie no caben en esta tienda de moda infantil; la ropa es funcional, perfectamente se puede combinar un detalle de un disfraz con la ropa del diario.

 

Esto era lo que pretendía Mónica Bravo después de recibir los regalos que su mamá le hizo cuando tuvo a su hija Martina: "la ropa que me dieron me parecía toda tan igual, así que empecé a reformarla, por ejemplo le colocaba orejas a los saquitos y a mis amigas les encantaba, me pedían que les hiciera lo mismo para sus hijos, yo se los regalaba, no lo tenía como un negocio; así que junto con mi esposo decidimos montar una boutique para niños y aquí estamos ahora".

 

La Sopa

 

"Vestirse es algo que merece cotidianidad"; y parece que esta diseñadora

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industrial de la UPB, que vivió un buen tiempo en España, tiene muy claro que sus clientes prefieren vivir en un mundo de fantasía, que son prácticos y quieren sentirse cómodos cuando juegan; y qué podría ser más divertido que incluir su ropa en esa lúdica diaria.

 

Esta tienda es tan original, que ha captado la atención de personajes como Alicia Mejía, ex directora de Colombiamoda, quien después de encontrarse en ella invitó a la diseñadora a participar el próximo año en la Feria. "He recibido ideas muy locas, hasta me han preguntado por franquicias... pero la verdad es que aún somos pequeños, así que hay que ir poco a poco".

 

Para Mónica estas propuestas parecen salidas de los cabellos, sin embargo cuando se visita la tienda es evidente que tendrá éxito: sus diseños se salen de la monotonía de otras marcas infantiles que parecen olvidarse de los niños y piensan más en los papás.

 

De la sopa que le tocó a Mafalda a la que le tocó a los niños de hoy hay muchas variaciones: armar su nombre, comerse a sus personajes favoritos, ver flotar figuras y caricaturas en el caldo con mejoras en el sabor. Y para que la nena de Quino se sienta más retro, en Medellín hay un almacén donde los niños llegan a él casi por instinto, y quién lo diría suelen decirle a sus papás que lo que ellos quieren es... SOPA.

 

 

 
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