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Korina Daza / Com. Social UPB /
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En San Juan se
está más cerca del cielo rasta, y las dreads rezan "todo lo que yo quiero
es amor para mí". Neones verdes, amarillos y rojos iluminan el
espacio, y se percibe un cierto aire de sensualidad, amistad y cannabis. El
sitio es pequeño. Muchas personas se pliegan en la parte de afuera, mientras
que otras en la pista bailan canciones de Bob Marley, Providencia y Gondwana.
Al fondo hay una luz verde
que deja ver un televisor flotando sobre un mesón
y los personajes beben de
manera dionisiaca. La cerveza nacional es la reina, entre Pilsen, Costeña y
Águila los acudientes se regocijan. Una escultura difusa por el humo
llama la atención; un esqueleto negro toca tambores sobre una repisa hecha de
adobes. En el centro de esta barra, sentado en una silla, un hombre moreno de
cabello negro corto y más de 1,70 de estatura, pone la música en un computador.
Es de Providencia, y la primera vez que viajó a Medellín sucedió en los tiempos
del sicariato, Pablo Escobar y el Cartel de Medellín. La ciudad de 1991 lo
encantó, y dijo que algún día pondría un negocio aquí.
2001. Con el capital y las ganas,
de retorno a Medellín, el Caribbean Stile abre sus puertas. En realidad nunca
fue pensado como un bar de reggae, en principio iba a ser crossover, como su
dueño, pero por "los azares de la vida" le hizo competencia a Roots, que fue el
bar de San Antonio más exclusivo de reggae, y al Callejón en el municipio de
Envigado. Caribbean es un bar multifacético, no se puede decir que sea
radicalmente de reggae pero sí maneja ese cierto encanto caribeño que se adapta
a lo paisa.
La pista de baile es algo
improvisada. A lado y lado, bordeando el rectángulo, sillas y mesas con risas y
palabras se apilan, mientras que en el centro parejas o jóvenes solos bailan al
ritmo del reggae. Los movimientos
traspiran sexo y una especie de armonía, las pieles sudan pero las caras
parecen felices, los ojos y manos quieren abrazar el cielo o al amor. Bob
Marly es testigo del acto y la bandera jamaiquina en las paredes envuelve el
evento de seres ensimismados pero dispuestos a hablar y sonreír.
El lenguaje es múltiple. Se
habla una especie de espanglish con la reiteración de la frase "Baby, don´t
worry" por la procedencia de sus dueños. Él está en la puerta con la mirada un
poco ida y su pantalón a cuadros hondea con el viento; su mueca es de
satisfacción. Sin quererlo riego un poco de su cerveza y pido disculpas, pero él
sólo dice "relajada". Entro al bar y compro dos cervezas, una para él y otra
para mí. Agradece la cerveza. Ir al bar es estar con gente nueva, es estar
relajado, y a pesar que en su casa puede tomar las mismas cervezas o escuchar
mejor música, en ocasiones pueden suceder estos eventos y conocer otras
personas. Después de las dos que cierran se puede ir a un prostíbulo exclusivo
aledaño o a un bar de salsa un poco más arriba. Realmente recorrer San
Juan es tener diversidad; es encontrar desde el sitio de Hip Hop y
R&B hasta las rancheras.
Para su dueño Caribbean es
simplemente, en coro unísono con Quique, "música reggae que puedes cantar, música reggae que puedes bailar, música
reggae que te hace pensar..."
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