Padre, Hijo, Espíritu santo y Gol PDF Imprimir E-Mail

Andrés Jiménez Ríos / Editor Deportes / Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

Cada cuatro años se realiza una ceremonia con un poder tan extraordinario que hace olvidar, por un mes, todas las guerras, conflictos, hambruna, sequía...en fin, todo lo malo que flagela a este planeta, reuniéndolo con un solo motivo, el fútbol. Esta celebración reúne a más de tres mil millones de fieles paganos, quienes se postran ante un televisor o una tribuna para venerar a 12 apóstoles - incluyendo al director técnico - y condenar a los otros 12 lacayos en un ambiente ameno y neurótico.

 

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La convocatoria más reciente que nos envuelve se desarrolla en Suramérica, en donde 10 equipos sacan su garra más ferviente. Allí, en el campo, algunos seguramente sienten la pasión, la fuerza, el amor, la entrega y el empuje de sus naciones; otros quizá no. Los himnos son sinfonías maravillosas que gratifican el esfuerzo de estar ahí parados frente al menos 40.000 personas en carne y hueso, otras miles en una caja. Algunos dejan entonces en la cancha el sudor, sangre, lágrimas... todo para demostrar por qué están allí representando a sus idólatras, otros pareciera que no. Y aunque no tuvieran ya oportunidad alguna de avanzar al campeonato más importante del fútbol en la tierra, no paran de perseguir un solo segundo la redonda.

 

Partidos asemejados a "La Última Cena" de Da Vinci, donde los toques y remates son suaves pinceladas finamente trazadas en un lienzo verde y blanco; las fintas, por su parte, representan los selectos óleos deslizándose por todas partes creando figuras majestuosas; las faltas, la sombra que reviste el salón donde Jesús compartió el pan y el vino con sus discípulos, y el gol, la firma del autor marcada con la mayor de las satisfacciones.

 

Signaturas como las de Román frente a Chile en el Monumental, el globo del boliviano "Juaco" Botero al guardameta Bobadilla, la rúbrica del ecuatoriano Ayoví a Perú, el pase de Riquelme y la definición de Messi -¡Goool!- frente a Perú... exponen lo celestial que es el fútbol.

 

Los bares y casas de allegados se convierten en hogares para muchos, en ellos pueden ver a estos discípulos jugar. Gritar, alentar, maldecir, contrariar... se presenta como común denominador, pues en estos encuentros todos se vuelven analíticos, filósofos y magísteres en el conocimiento sobre la conducción de un equipo. Además, la plegaria adquiere un valor fundamental en el fútbol, en donde los creados por Dios son alabados o maldecidos profundamente.

Es entonces cuestión de trazar la cruz con la mano y esperar... ¡Goool!

 

 
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