LAS VOCES... PDF Imprimir E-Mail

Gloria Leal es una construcción de los 60 y 70, bogotana de pura cepa y revolucionaria de cuerpo y mente. Estudió Historia y Trabajo Social de manera simultánea en la Universidad Nacional en Bogotá, en esa época en donde las ideologías se tomaron el país en forma de guerrillas urbanas; también la tomaron a ella, pero no como rehén ni combatiente, sino como ideóloga de una de las estructuras más recordadas por robar de las manos del mismo Simón Bolívar la gloria de su espada, el M19.

Mujer de cuerpo corto a lo alto y ojos renegridos, según dice, porque de tanto leer se le han ido quemando tras un par de gafas que luce con holgura. De sus años de revolución directa y abierta le quedaron ideas que hasta hoy renueva con el brillo de su trabajo y de las palabras, que más que nunca, se llenan de sentido académico.

Según cree, los movimientos estudiantiles actuales "son grupos militantes en la defensa de la universidad pública afectados por la actividad paralela de pequeñas organizaciones clandestinas que se dedican a hacer desmanes, dentro y fuera de la universidad, desdibujando el valor del resto de manifestaciones con sentido".

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Edwin Villamil es estudiante de Historia de la Universidad de Antioquia, actualmente cursa el séptimo semestre y desde hace casi seis años es militante de la Federación Universitaria Nacional (FUN: organización de izquierda con presencia en todo el país); en el momento se desempeña como líder y vocero del movimiento en Medellín.

Con los ojos caídos y la nariz chata, una barba descuidada con estilo y un tono de voz adornado por un discurso casi catedrático, el tipo habla con calma pero con certeza, con pasividad y malicia, tal vez sea la experiencia que le ha dado su cargo en la organización o el poder retórico adquirido después de presidir tantas asambleas en la Universidad de Antioquia.

El olor de la protesta entró a su cuerpo como lo hace un virus cuando hay epidemia, de boca en boca y grupo en grupo, justo cuando se discutía la propuesta curricular que debía tener la carrera de Ciencias Sociales en la Universidad Distrital, en Bogotá, donde apenas llevaba dos semestres de estudio. Hace ocho años Edwin no tenía mucha experiencia en los temas políticos, pero la revolución viene en la sangre y en los ojos, porque en una capital de ricos y pobres, de dormidos y despiertos, de públicos y privados, es difícil no pensar en el cambio.

Al ritmo de las ideas decidió explorar las propuestas de las organizaciones estudiantiles presentes en el momento, y la más llamativa, según dice "por tener la propuesta más coherente y sólida, pero además porque hacía y hace análisis académicos de las reformas y ha presentado contra propuestas", fue la FUN.

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Margarita María Figueroa, de los Figueroa de la Guajira, es estudiante de Derecho de la Universidad de Antioquia. Tiene 28 años y vive en la urbanización Las Cometas, en Robledo, en compañía de su novio y su hija, Isabela, nacida en mayo de 2008. Proviene de una familia con raíces Wayúu que actualmente vive en Valledupar; hace ocho años vino a Medellín con el ánimo de convertirse en la primera abogada de la familia, sin embargo su anhelo todavía no se cumple.

No pertenece a ninguna organización estudiantil y nunca ha estado interesada en militar en algún movimiento político. Es una estudiante común que ha preferido mantenerse al margen de las actividades extracurriculares de la universidad.

En el 2000 ingresó al claustro y según dice, ha tenido que padecer más o menos ocho paros convocados por las organizaciones estudiantiles que han alargado su carrera hasta tal punto, que todavía tiene dos materias por aprobar.

Margarita es una de esas personas que castigan con la sinceridad, por eso y porque siente que varios semestres han sido sólo pérdida de tiempo, afirma que las labores de movimientos como la FUN se han convertido más que en expresiones de la voluntad de la comunidad universitaria, en "actividades que sólo entorpecen la actividad académica y perjudican a personas que no estamos interesadas en saber de sus reivindicaciones".

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El Mayor Molina es el Director del Escuadrón Móvil Antidisturbios de Medellín, un tipo serio y contundente con las palabras; su tez trigueña y la mirada indescifrable de sus ojos, han enfrentado más de 80 veces las manifestaciones violentas del estudiantado de la Universidad de Antioquia, y otras cuantas las de la Universidad Nacional.

El acento delata su procedencia de la capital y las huellas de sus manos, además de la frialdad con la que relata anécdotas de soldados mutilados y algunos muertos, hablan de tropeles, disturbios y muchas piedras caídas del cielo.

En su análisis de los movimientos estudiantiles y las manifestaciones que ha presenciado aparece siempre una palabra que desde hace algún tiempo ha delimitado y forjado nuevas fronteras en el mundo: terrorismo.

 Dice: "El límite entre el terrorismo y la protesta está en cuando se va a las acciones de hecho, es que usted puede con su ideología y con su pensamiento llegar muy lejos, pero lo de estos muchachos es que si aquel no comparte mis ideas entonces voy a matarlo, voy a ahorcarlo, voy a partirle una pierna porque es que no comparte mis ideas, eso es lo que piensan muchos estudiantes que están mal enfocados en cuanto a qué es la protesta... es que para eso no necesitan ir a quemar un carro, no necesitan ir a bloquear una vía y perjudicar a la gente, porque eso es lo único que hacen cuando dicen que protestan, terrorismo y desorden".

 

 

 


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