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Paola
Hincapié / Editora General /
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Cuando
la ciudad se despierta con las ojeras de la lluvia que estuvo de paso en la
noche, las montañas se arrullan en las luces que atinan en el paisaje con
intentos de metrópoli, pero que insiste en aquello del capote y el machete; los
sonámbulos que habitamos Medellín tratamos de despertar dentro del mismo sueño
que significa el no sabernos en una urbe que se desahoga en las esquinas.
Las
empanadas y los buñuelos se alzan en
las ollas de manteca y aceite en las calles del Centro. Las busetas esporádicas
se hacen sentir lejos, lejitos, casi cerca, de las camas que acogen al que aún
no sale al mundo que le espera por ese día...mañana no se sabe.
La
rutina se presenta en pequeños espasmos a eso de las 5:00 a.m. todavía no
cuenta con el ritmo adecuado que se da a eso de las 11:00 cuando la pereza ya
da vergüenza y se vuelve a justificar a la 1:00 p.m. después del almuerzo... sólo
que hay que dejarla atrás a partir de las 3:00 de la tarde.
No
hay música sino ruido: taladros, pitos, puertas que se cierran y se abren,
"buenos días" fingidos, inspiración - expiración, un soplo, humo, cigarrillos,
cajetillas, lápices, celulares en vibra-ción, miaus sabios no entendidos que parecen decir STOP a ver si con el
extranjerismo se entiende. Los teclados, las pantallas, el papel, las rejas...
las llaves de regreso.
Una
caja luminosa dicta la cátedra de la vida que se debe soñar (o seguir), el
intro desechable de las buenas noticias
del entretenimiento abre el telón para que la mandíbula continúe su función
de triturar alimento pero sin dejar de lado la vida de otros que salen en
pantalla y que en el fondo desean la vida del que sólo los mira. Incluso el
hecho de masticar se hace inconsciente ante la penumbra de unas noticias
fatídicas que hablan de la mala suerte que suele perseguirnos: TERROR,
VIOLENCIA, NARCOTRÁFICO, GUERRILLA, PARACOS, POLÍTICOS, MODELOS...bla, bla, bla.
Alicia
fríe las tajadas en el segundo piso y discute su vida por teléfono; afuera los
tallos de los árboles del barrio esperan por la bolsa de basura que le
acompañará en la noche, (haya o no lluvia) la voz del locutor se pierde en el
horario nocturno; casi susurrando cuidado,
se va a dormir pero mañana será igual... o tal vez peor.
Formatos
predecibles de lo que será el día entre las montañas: un muerto, dos muertos,
una estadística y al mismo tiempo un porqué que detiene el ciclo absurdo de lo
establecido: ¿qué pasó con Martha la que coge el bus para el trabajo? ¿Qué pasó
con Mauricio y Camila que ayer se dieron un beso en la calle? ¿Qué se trae
entre manos el que vende arepas por megáfono? ¿Cómo empieza el día el conductor
de bus que va a guerrearse las calles de Medellín?
¿Qué pasa con el ama de casa
que piensa qué va a hacer de almuerzo y hace malabares con el presupuesto? ¿Y
el estudiante que sueña con las vacaciones? ¿Y con el vendedor que hoy debe
conquistar clientes? ¿Dónde está el que sabe organizar las vitrinas de ropa de
Medellín? ¿Por qué no se sabe del que pela los mangos a la salida del colegio
en menos de 20 segundos? ¿Y qué se hizo el que organiza las revistas de los
supermercados sabiendo que al final del día ninguna va estar en su lugar? ¿Dónde
está el que prepara su discurso de despedida? ¿Qué pasó con el que vende
minutos para dar razones con el cronómetro de un celular? ¿Por qué no se sabe
del que recoge la basura y vive de eso? ¿Y del que tira la cuenta de servicios
debajo de la puerta? ¿Por qué no se habla del que se durmió anoche repasando la
obra que va a presentar hoy?... en serio ¿dónde está mi país?
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