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Juan Pablo Crespo Aguilar /
Com. Social UPB /
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"A los salmones se les atribuye la
capacidad de volver al mismo sitio donde nacieron para reproducirse y los
estudios recientes muestran que al menos un 90% de los salmones que remontan
una corriente nacieron en ella. No se sabe cómo se orientan, pero puede que su
fino sentido del olfato reconozca la química de su río natal[1]"
Así somos los latinos.
No
es fácil abstraerse del contexto en el que siempre se ha vivido para hablar
acerca de las propias raíces y analizarnos desde una visión compartida con un
libro. Por eso podría decir que después de leer las historias consignadas en Las mejores crónicas de Gatopardo puedo
decir que somos un continente tan heterogéneo que tenemos cosas que nadie más
en el mundo ostenta por ricos o desarrollados que sean.
Escuché
alguna vez que Colombia fue siempre la niña rebelde de América Latina. Que
mientras sus hermanitos sufrieron de dictadores, Colombia mantenía un gobierno
distinto. Que mientras los otros disfrutaban de buenos mandatarios, Colombia
vivía con Rojas Pinilla. En fin, que era siempre contraria a los procesos de
sus hermanos. Ahora veo que tan contraria era Colombia para el resto del
continente como lo es la mismísima América Latina para el resto del mundo.
Siquiera...
Para
comenzar podría decir que Latinoamérica es la mata de las creencias modernas.
Acá se ama tanto a los muertos como a los vivos al punto de asignarles un día especial
del año en el que por ejemplo los mejicanos van de picnic al campo santo. Es en
nuestro continente donde la
Virgen se digna a aparecerse en el fondo chamuscado de una
olla vieja o en los árboles que a diario bañan los perros del vecindario. Es en
América Latina, donde la globalización aún no ha vestido de trajes Calvin Klein satinados a los doce
Apóstoles para la Última Cena ni ha desarraigado a los milagros de Dios.
Latinoamérica es un océano de credos, donde un pecho tatuado puede reunir
armónicamente a la Virgen
de Guadalupe, a Cristo, a la
Santa Muerte, al duende y a la bruja.
Es
la América de
las incoherencias, de la de amplia riqueza en
personajes e historias, en donde
hasta el más humilde y poco promisorio aspira a un cargo político por la aparente
poca preparación que requieren los ‘dignatarios' o atraídos por el dinero que
les pueden engordar los bolsillos. No hay que ir muy lejos para saberlo pues,
por ejemplo, en la crónica de "El invencible Bilardo" se cuenta que este
personaje aspiró a la presidencia de su país. Si en Argentina llueve, en
Colombia no escampa...¿quién se olvida del ex senador, ex candidato a la Alcaldía de Barranquilla,
y hoy Embajador confirmado de Colombia en Sudáfrica, Édgar Perea?, ¿quién se
olvida de María Isabel Urrutia, nuestra medallista dorada en los Olímpicos de Sidney
y hoy Representante a la Cámara?
Así somos los latinos.
Los salmones comen peces más pequeños
que ellos, crustáceos e insectos[2]. En este aspecto seguimos siendo el fiel retrato de
un salmón pues podemos decir que muchos de los políticos se comen a los más
pequeños. Igual varias historias en Las
mejores crónicas de Gatopardo lo evidenciaban. En "Buen Salvaje" hablaban
del miedo a nuestros políticos y a los mismísimos delincuentes, y en "La
familia real venezolana" hacen referencia a las dudosas riquezas súbitas de los
Chávez y a la posibilidad casi patente de corrupción. No tienen PIEDAD de sus pueblos y terminan
comiéndose a los salmones más pequeños.
Somos
América Latina la del complejo de inferioridad crónico (visto más que todo en
"Un americano original" y en "¿Quién mató a Marcelina Meneses?") donde
lamentablemente un indígena considera que la ciudad es la única plataforma para
propulsarse al éxito y al manejo de contactos. No hay que ir muy lejos, ¿acaso
no dicen que para lograr un trabajo prometedor hay que viajar a Bogotá?, dicen
que en "la provincia" no se progresará y yo me pregunto ¿seguro?, ¿quién dijo?
Si seguimos con esa mentalidad tan retrógrada, nunca lograremos nada. Ese mismo
complejo ha desatado en nuestras ciudades el racismo y los arquetipos. Dormimos
con el "sueño argentino" o el "sueño norteamericano", y parece que se le abre
campo a la existencia de una "pesadilla boliviana", un "malestar peruano", o
una "maldición colombiana" (para algunos). Si los "más" del continente aseguran
que descienden de los europeos, yo no sentiría vergüenza al decir que vengo del
indígena, del puro de conciencia y actuar, del vilmente colonizado, del
verdadero dueño de estas tierras. Para recordar, una frase: "Marcelina tiene todo en contra: es gorda,
es pobre, es boliviana" (Pg. 186).
También
somos la América Latina
de los locos. Si en Oriente construyen una utopía llamada Auroville, no es
traído de los cabellos que los latinos creamos en todo lo que hace parte de
nuestro imaginario. Eso no es una razón para ser llamados de tercer mundo por
no igualarnos con el pensar racional y plano de los "desarrollados" y mucho
menos para continuar siendo como el salmón que avanza en contra de la corriente
cuando siente que debe hacerlo. Tan locos estaremos que aceptamos a "La Colifata", la primera
radio hecha por internos de un neuropsiquiátrico. "Ser loco es un estigma. Hay un imaginario social que dice que ser loco
es ser extraño, impredecible, violento, improductivo, ajeno[3]".
Si ser loco es avanzar en contra de los paradigmas y de la corriente
establecida por algunos, seguimos abogando por nuestra imagen de salmones.
América
Latina, donde aún tenemos el privilegio de contar con personas tan pintorescas
como María de las Mercedes Bernardina Bolla Aponte de Murano, Yiya. Acá podemos
tomarnos a pecho la idea de ser celebridad sin aparecer en las carátulas de una
revista; acá un rapero que canta en un bus puede ser Coolio, o un merendero
puede alcanzar a ser uno de Los Pamperos. Así se vive esperando una felicidad
plena que nunca llegará pero que siempre será el ideal que nos impulsa a seguir
a pesar de lo real que es la vida.
[1] Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Salm%C3%B3n_(pez)
[2] http://www.pedramol.com/pescados/salmon.htm
[3] Página 49, "Locos al aire". Las mejores crónicas de
Gatopardo.
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