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Juan Sebastián Fernández Gartner / Com. Social UPB /
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Las ideas bien construidas a partir de las cuales se han
fundamentado apremiantes argumentos para calificarnos de subdesarrollados, se
reproducen abiertamente y sin previo estudio global entre los tejidos
expresivos que como seres pensantes, los latinoamericanos hemos experimentado.
Las sociedades "desarrolladas" necesitan de las
"subdesarrolladas" para imponer, a partir de la manipulación de la psiquis, sus
modos de vida. En la colectividad occidental, la locura y las conductas
enfermizas se encubren entre las masas, condenando las filosofías
independientes a juicios burlones y a rangos donde priman calificativos
peyorativos. A pesar de esto, y valiéndome de las palabras usadas por Gilles
Lipovetsky en su libro El imperio de lo
efímero, creo que "la moda se logra presentar ante todo como el agente por
excelencia de la espiral individualista y de la consolidación de las sociedades
liberales".
Igualmente considero que la moda actual en las principales
ciudades de Latinoamérica es el temor a la discriminación.
El plagio se ha venido construyendo a partir de cuadros de
angustia consumista y fenómenos relacionados con la globalización. Las féminas
adolescentes mundialmente han construido su "identidad generacional" a partir
de referentes estadounidenses cargados de sutiles conceptos simbólicos que han
facilitado la imposición de la cultura norteamericana sobre muchas otras.
Incluso, la juventud colombiana desde hace varias décadas ha venido
transformando su entorno, sin analizar correctamente el contexto del mismo,
impulsada por movimientos internacionales que nacieron a partir de determinadas
circunstancias muchas de ellas, mal interpretadas. Es así como buscando una
identidad, hemos adoptado costumbres que aplicadas a nuestra realidad, resultan
impertinentes y perjudiciales; algunas ciudades, por momentos, parecen ser
versiones mediocres, pobres y ridículas de grandes aposentos capitalistas y
mercantiles de países que gobiernan gracias a la frustración que nos inyectan.
Jamás alcanzaremos ese nivel reflejando nuestros defectos en sus bondades. La moda es una manera sencilla de
controlar.
Según Gilles Lipovetsky, "la moda se halla al mando de
nuestras sociedades; en menos de medio siglo la seducción y lo efímero han
llegado a convertirse en los principios organizativos de la vida colectiva
moderna; vivimos en sociedades dominadas por la frivolidad, último eslabón de
la aventura plurisecular capitalista-democrática-individualista". Es así como
la filosofía, el patriotismo, la libertad, la tranquilidad e incluso la paz, se
venden bajo el amparo generacional que brinda el concepto de la moda.
Esta venta se debe ampliar sobre los límites que vaya
imponiendo la tecnología, el fuego moderno con el que iluminan las cabezas de
los humanos, cavernarios industrializados en los que lentamente nos hemos
convertido. Los medios masivos son los accionistas mayoritarios de la sociedad
en la que se encuentran, y rigen solapadamente gracias a la existencia de
realidades parcializadas concebidas bajo los efectos del narcótico mayor: el
rating.
De esta manera, encarrilados en los extranjerismos y los
modismos que el mercantilismo inteligente y feroz nos propone, empezamos a
avanzar y a tratar de redescubrirnos como latinoamericanos, mezclando
geografías complicadas, condiciones climáticas inconexas y filigranas
paisajísticas, con imposiciones disimuladas extranjeras y necesidades que
devoran la tranquilidad de la cual (como latinoamericanos bendecidos por la
tierra) podríamos osar.
*Sobre atavíos,
roperos, prendas y complejos*
Lánguidas personalidades sin minucias de carácter definen
las conductas de un considerable número de personas, quienes influenciados
tácitamente por diferentes medios de comunicación, han recurrido a extensas
jornadas de trabajo para suplir el capricho que por dos meses les calmará la
angustia consumista.
Es claro que en las sociedades "modelo" la fluidez económica
depende de la velocidad del mercado; todo es un ciclo que se basa en qué tan
rápido se produzca y cuánto tarda en ser
consumido/comprado/adquirido/aspirado/inyectado. Desfiguradas por este
panorama, muchas personas terminan sumidas en ritos compulsivos, peligrosos
para la psiquis, el bolsillo y la fecunda paz hogareña, y rellenas de
inservibles bultos de ropa que si la revenden obtienen aproximadamente el 25%
de lo que pagaron en un inicio. Pero nunca mencionan los factores negativos
sino que se preparan dulces cocteles conceptuales que infieren a lo positivo de
la compra. Según Lipovetsky, "este consenso de fondo permite matices
interpretativos, ligeras desviaciones, pero, apenas con algunas variantes, la
lógica inconstante de la moda así como sus diversas manifestaciones son
invariablemente explicadas a partir de fenómenos de estratificación social y de
estrategias mundanas de distinción honorífica".
Es así como en la actualidad, el engaño es una metáfora que
abraza por la espalda a la ingenuidad visual de la cual se aprovechan los
estafadores, quienes aplican su modo de vida a cualesquier rama del
conocimiento humano contemporáneo. Dos ejemplos servirán para graficar de mejor
manera la idea recién expresada, y además, resguardarán en sí, pizcas de rencor
que aislé en el silencio hasta poder expresarlas en un contexto que le sirviera
de introducción.
Inicialmente debo admitir que en muchas ocasiones, la ropa
más costosa de la ciudad de Medellín, no resulta ser la de mejor calidad ni en
materiales ni en diseño. Tal vez la relevancia de prendas vaqueras con
brillantina y grabados "doraos" esté relacionada con el boom exitoso y
emprendedor de narcotraficantes premiados por muchas productoras televisivas
que impusieron de moda las costumbres estéticas de tal "gremio".
Como numeral dos de tan corta pero sentida lista de
ejemplos, debo inferir que no siempre la persona mejor vestida resulta ser la
más cortés ni obviamente, la más educada. El engaño se puede transformar a
partir de la reinvención de prototipos sociales muy bien acicalados pero mal
ideados. No por vestir igual a alguien serás como él; siendo una caricatura,
tal vez sólo se exalte de sobremanera una peculiaridad notoria del sujeto; Kurt
Donald no era unos Jack Purcell; John Lennon no era unos lentes rosados.
Considero que la moda como fenómeno expresivo cultural y
sobre todo, personal, es una característica que nos libera del común
denominador de las demás especies, pero que al ser mal utilizada y filtrada por
varios métodos de consumo, nos condena a ser iguales entre nosotros mismos.
Hay que aceptar las diferencias y entender que no todas las
personas en el mundo tenemos las mismas necesidades y que por ende, las ideas
no pueden resignarse a la aberrada costumbre de adaptar las tendencias internacionales
a los contextos locales, tal cual ha venido ocurriendo.
En las principales ciudades de Latinoamérica no se debe
temer a conceptualizar la sociedad a partir de los grandes conflictos que en
realidad vivimos, porque la única manera de luchar contra la discriminación sea
olvidando que nos tenemos que parecer a ellos.
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