Grave Problema PDF Imprimir E-Mail
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Por: José Andrés Quintero Restrepo. - Licenciado en Filosofía y Letras (UPB). Actualmente Docente interno de la Escuela de Teología, Filosofía y Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana.

 

Uno no lo cree: todos estamos metidos en un grave problema.                                               

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Pero no es un grave problema en particular. Es decir,
No es que todos tengamos el mismo problema que, a fin de cuentas,
Podría ser el mismo (la muerte, por ejemplo).

El problema al que yo me refiero es que cada cual tiene el suyo
Y, de alguna manera, yo podría verme involucrado con el susodicho.

Por ejemplo: basta con ver a doña Hortensia, una vecina.
La señora tiene una hija. Se llama Mónica y estudia en el Colegio.
Esta muchacha está a punto de terminar bachillerato.
Y la otra vez que cruzaba la Avenida San Juan
Un loco trató de decirle algo morboso en la oreja.
El loco se llamaba Matías
Y estaba loco porque yo le había vendido una bolsita de marihuana.
Así que él se la fumó casi toda, se estimuló más de la cuenta y salió a la calle feliz
Y vio a Mónica, la hija de doña Hortensia, una vecina mía.

Mónica estaba divina. Venía del gimnasio vestida con su ropita deportiva
Y un botellón de agua.
Y la nena estaba prevenida porque anoche había leído un artículo en Internet
Donde decía que un grupo de niñas vírgenes de diecisiete años
Habían sido violadas en una cancha de fútbol
Por un grupo de jóvenes que prestaban servicio militar en la Cuarta Brigada.
¡Situación grave! Porque resulta que Matías parece un tombo.

El tipo estudió en un colegio militar y tiene la disciplina de un polocho:
Madruga a trotar, compra comida sana, ayuda con los servicios de plomería en casa,
Va a misa los domingos y luego me busca en la casa
Y me compra un paquetico de marihuana.
Se la fuma toda porque es muy disciplinado
Y sale feliz por la calle con ganas de conseguir novia.
Y preciso ese día ve a Mónica con su ropita de gimnasio:
Un topcito que apenas le cubre los pechos
Y las caderas, y Matías que, cuando está trabado, lo ve todo de manera exagerada.
Así que le dijo a Mónica: "Moniquita linda, ¡cómo estás de preciosa!
¡Cásate conmigo! ¡Tengamos un hijo!"
Lo dijo exagerando un beso mojado en los labios, casi babeándose de las ganas.

Y Mónica pegó un grito. Le dio a Matías un golpe en la cara con el botellón de agua
Y corrió a donde su mamá, doña Hortensia (una vecina mía) para decirle
Que en la cuadra se encontraba uno de los militares pervertidos de la cancha de fútbol
Acosándola porque era virgen y tenía diecisiete años.

Doña Hortensia, que es vecina mía, pegó otro grito al cielo y llamó a la policía.
Por teléfono dijo que en el barrio había aparecido uno de los militares pervertidos de la cancha de fútbol.

La policía tomó los datos y apareció con varias patrullas.
Matías, que estaba tomándose una cerveza
Y poniéndose hielo en el chichón que tenía en la cabeza
Por el botellazo que le dio Mónica, vio llegar a la policía y se asomó inocente.

Mónica salió y dijo:
"¡Es él!" Y señaló a Matías, que volteó a mirar por detrás de su espalda
Para ver si estaban señalando a alguien detrás de él.
Pero cuando se dio cuenta de la cosa, la policía ya estaba encima.
Lo tumbaron bocabajo, le cruzaron las manos por la espalda,Le encontraron la bolsita de marihuana y le vieron los ojos brotados.
"¡Ahora sí, hijueputa!" dijeron los tombos. Y se lo llevaron en la patrulla.

Yo me quedé pensando: Matías está en un grave problema.
No se ganó la lotería.
No encontró una guaca.
No reclamó el premio Nobel de Literatura.
No es un científico destacado.
Vivía por la cuadra, en un mundo donde el ejército viola a las niñas de diecisiete años.
Tenía ganas de conseguir novia.
Pero, para envalentonarse, me compró una bolsita de marihuana
Y fue capturado in fraganti con la cara de soldado pervertido y los ojos brotados.
Así que vivía en el lugar y en el momento equivocado.
Vivía en el vecindario de Mónica, la hija de doña Hortensia, una vecina mía.
Y me compraba marihuana.

Así que, por accidente, en esta historia yo también estoy implicado.
Y tengo un grave problema:
Ahora ¿quién me compra la marihuana con la misma disciplina de Matías?

                                                                                                                                           


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