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Por: José Andrés Quintero Restrepo- Licenciado en Filosofía y Letras (UPB). Actualmente
Docente interno de la Escuela
de Teología, Filosofía y
Humanidades de la Universidad Pontificia
Bolivariana.
Se
puede decir que actualmente sobreabundan las potencias coercitivas.
El
cuerpo, las epidemias, las ánimas benditas del purgatorio, las goteras,
Las
revoluciones tecnológicas, los testículos oprimidos, el Estado,
Las
políticas de salud, la morbilidad y sus cuadros estadísticos,
La
higiene, la familia, la concepción, la ciencia, la religión,
Los
centros hospitalarios, los leprosarios y sus olores,
El
lenguaje, la sintáctica, la semántica, los preservativos,
La
analepsis, la prolepsis, la epilepsis, los sistemas de producción y consumo,
La
migraña, las hemorroides, los sobacos peludos,
Los
microbios, el ciberespacio, los líderes empresariales,
Los
funcionarios públicos, el espíritu emprendedor, los cheques,
Los
reembolsos, las deudas, el gobierno, la Iglesia y la Televisión.
Basta
con sentarse en un sofá, cruzar las piernas, levantar el control remoto y
listo:
Me
he convertido en un cliente.
Sobreabundan
los productos que llevan mi nombre si tuviera poder adquisitivo.
Lociones,
celulares, servicios de banda ancha por Internet,
Películas
para adultos, laxantes, soluciones para los problemas de calvicie,
Remodelaciones
para el hogar, seguros de vida...
En
síntesis, basura sobrecargada de impuestos...
Por
eso no es gratuito pensar que el mundo se ha convertido en una masa hinchada.
Ni
siquiera una faja reductora, manufacturada por Dios, es garantía
Para
que las cosas recuperen su antigua silueta.
La
estrechez se siente en todas partes.
La
vida moderna nos mantiene condensados,
Empacados
al vacío, con una vida que se prolonga sin señales de vitalidad.
Así
que poco importa si estoy bajo tierra.
Las
cosas van de mal a peor.
Y
ya quisiera estar yo vivo cuando todo fracase,
Cuando
la metástasis se trague a todas las multinacionales
Y
el mundo vuelva a estar oscuro...
Nada
de electricidad,
Nada
de teorías que den luces sobre las cosas,
Nada
de pantallas que reflejen una cara vacía que sonríe sin sentido...
¡Sí!
¡Nada de nada!
Si
mucho, una pequeña sensación de abandono
Y
la certeza de que todos somos pequeñas porciones de bacterias
Sumergidas
en la plenitud del universo.
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