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Mis gatos (Historia con techos y mujer)
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Fernando Castro.
Estudiante de Filosofía UdeA
Programador Revista Virtual El Grifo
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Si pretendemos buscar en la moral
kantiana una fórmula para dirigir nuestras acciones estamos cometiendo un grave
error al considerar que es posible extraer de esta propuesta la receta para
hacer el bien, el procurar entender el
imperativo categórico como una formulación que ha de quedar en el campo de la
posibilidad, como un planteamiento lógico, es parte de las pretensiones más
altas a las que podemos aspirar en la interpretación de la Fundamentación de la Metafísica de las
Costumbres.
Sin embargo es innegable su crítica a
la moral y a la forma de actuar de los hombres comunes y a los planteamientos
morales de los filósofos anteriores a Kant.
Podemos entonces discutir temas que
son inherentes al hombre y su actuar en sociedad: en la moral kantiana se
rescata la tendencia innata del hombre de aprender y juzgar sus propias
acciones y se hace alusión a una ineludible capacidad para hacer el bien, que
debido a nuestras circunstancias políticas, culturales y sociales quedan
restringidas en el campo de nuestras inclinaciones egoístas.
Describiré en este texto entonces los
siguientes puntos (con el fin de entender el concepto de actuar "por deber" y
no sujeto a nuestras propias inclinaciones).
Crítica del actuar del hombre
El sentido de una crítica de las
acciones del hombre va encaminada por la pregunta del porqué de nuestras
acciones, qué nos mueve a hacer una u otra cosa. Estoy convencido de que los
actos de los hombres están marcados y encaminados por los "contextos" que
influyen en la vida del hombre común, aunque los hombres tenemos la capacidad
de hacer que nuestros intereses personales respondan a estos contextos que
determinan nuestro ser social, político y cultural.
Cuando nos referimos a una crítica
del actuar del hombre desde KANT, es intentar dar cabida en nuestra vida a la
posibilidad de actuar de forma que nuestras acciones respondan a máximas que
puedan cumplirse universalmente, de forma que mi actuar sea un posible ejemplo
y que las personas que observen nuestra forma de hacer las cosas puedan
determinar desde su propia lógica esta forma como válida para ellos también;
este sería un paso en el reconocimiento de la dignidad del otro como premisa
principal para poder valorar y dar respuesta a nuestra propia dignidad como
seres humanos.
El reconocimiento de la bondad de los
actos de los hombres ha de responder al contexto de acción como se ha dicho
antes, pero esto es una forma amañada para describir la bondad y la voluntad,
lo bueno y lo malo son parámetros impuestos por los contextos culturales, que
no determinan la posibilidad de una acción realmente buena, una crítica a
nuestras acciones podría empezar por darnos luces al confrontarnos con nuestros
actos y nuestra idea del bien y el valor que le damos a la dignidad de los
otros, el respeto que mostramos y exigimos de nuestras propias libertades a la
hora de realizar una acción, esta crítica que nos hagamos de nuestras acciones
deberá dar cabida a una idea de lo "posible universalmente" para nuestros
actos; dará ideas de si estos responden a un actuar por deber o por simple
conveniencia y egoísmo, y como este concepto de deber podrá ser elevado hacia una idea del "Deber Moral" que haga que
nuestras máximas vayan más allá de nuestras propias inclinaciones y deseos.
Deber moral
Como se mencionó anteriormente el
devenir de nuestra vida está compuesta de acciones que son calificadas como
buenas y malas según el contexto en el que nos desenvolvemos día a día y como
conclusión a lo escrito anteriormente no hay forma alguna de abandonar la
necesidad de actuar por seguimiento a nuestras inclinaciones y deseos, el
concepto de actuar por deber, intenta dar una explicación de una forma de hacer
las cosas que elevarían los actos del hombre más allá de los contextos sociales
que lo envuelven todo el tiempo y le impiden actuar moralmente.
La explicación Kantiana en cuanto a
este concepto se responde a la idea donde decimos que el trabajo del pensador
en los asuntos morales es percibir lo que debería ser y no lo que es, porque de
este asunto se sabe suficiente.
Cuando decimos que nuestras acciones
deben estar por encima de nuestras inclinaciones y deseos se pretende un
abandono de los mismos, se pretende que nuestras acciones no estén marcadas por
las inclinaciones, por la sensación de felicidad, satisfacción y placer que
puede producir el realizar una acción que consideramos buena, cuando logramos
excluir de nuestras acciones nuestras inclinaciones podremos pensar en actuar
por deber conforme a una voluntad buena en sí misma.
"Kant, diferencia
entre ACCIONES POR DEBER y ACCIONES
CONFORME AL DEBER.
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En relación a lo que denomina acciones conforme al deber, Kant, hace referencia al
comerciante atento a no cobrar a sus clientes más de lo debido. En principio
parece que tal acción tendría que proceder de una voluntad absolutamente buena
en sí; sin embargo no tendría por qué ser necesariamente así (ello no significa
que, según Kant, tal actuación fuera mala
desde el punto de vista moral). Podría no estar actuando por deber sino
conforme al deber. Por ejemplo, tal comerciante podría cobrar precios justos a
sus clientes pero por motivos de prudencia, es decir, porque piensa que sí es
honrado así puede vender más y tener mayor cantidad de clientes. Al actuar así,
el comerciante lo estaría haciendo conforme al deber. Pues bien, según
Kant, solamente tendrían un auténtico
valor moral aquellas acciones realizadas POR DEBER. En este contexto, Kant, nos
pone también un ejemplo: preservar la vida propia es un deber; pero, además,
todos tenemos una inclinación natural e inmediata a conservarla. Pues bien,
teniendo en cuenta estos dos supuestos: 1º) conservar la vida por deber. 2º)
conservar la vida por inclinación natural, si alguien preserva su vida
simplemente porque siente una inclinación a hacerlo así, entonces un acción no
tendría un auténtico valor moral. Ello no quiere decir que sea moralmente malo
conservar la vida por inclinación; sin embargo, Kant, únicamente la define
como acción oportuna y laudable, pero
nada más. Para que tal acción tenga valor moral, la acción tendría que llevarse
a cabo a causa de que es un deber propio el preservar la vida, es decir, tal
acción debería realizarse por obligación moral." 1
¿Pero qué sería entonces obrar por
deber?, para Kant el obrar por deber está sujeto a la ley, y en este caso no
sería la ley de los hombres o de los gobiernos, el obrar por deber no está
sujeto a las leyes que determinan las constituciones políticas ni religiosas de
los diferentes Estados; se habla entonces de una ley moral, de una ley que no
esté sujeta a ninguna perversión o inclinación de algún sujeto o agrupación
específica que busque un fin específico al proclamar una u otra ley. El obrar
por deber pretende hacer que las máximas que representan nuestro actuar puedan
convertirse en máximas universales, y respondería la necesidad de encontrar una
Voluntad buena en sí misma, que tiene su propio valor, no por lo que produce,
ni por lo que responde a agentes externos que podrían pensarse dinamistas de la
voluntad.
Esto determina entonces la
posibilidad de obrar de manera reflexionada, la razón como directora de
nuestros actos, daría la posibilidad de gobernarnos a nosotros mismos con la
idea de un bien que sobreviviría a todas las cosas nefastas de la vida, algo
que simplemente va más allá de nuestros propios deseos.
La realidad (Conclusiones)
"Kant resume magistralmente todo esto
cuando afirma: el único bien en sí es la voluntad buena la cual se manifiesta
en la acciones por deber; y tal deber significa acción por respeto o reverencia
a la ley (es decir, lograr una concordancia entre las máximas individuales y
los principios de la ley moral); y, en donde, tal ley (moral) es esencialmente
universal".
- Podemos
pensar en actuar de manera lógica y hasta tal vez matematizada, pero esto
implicaría eliminar nuestras inclinaciones, deseos y pasiones, algo que por
naturaleza es imposible para el ser humano: parte de la misma definición de
"ser humano" está representada por las cosas que tendríamos que eliminar para
hacer que nuestras acciones respondieran a máximas universales.
- Cabe
mencionar que el hombre es en sí un ser egoísta, es parte de lo que se denomina
condición humana, realizamos nuestras buenas acciones por que de una forma u
otra es conveniente y representa algún beneficio, podemos tratar de alcanzar
algún ideal, podemos pretender tratar al otro valorando su dignidad y tratando
de obrar por deber, pero el esfuerzo que tendríamos que hacer es tan infinitamente
grande que desistiríamos en el intento; no pretendo quitar la esperanza al ser
humano al querer ser bueno, se busca hacer ver la realidad de nuestras acciones
y la necesidad de no perder la subjetividad y la idea de la posibilidad: ideas
como el deber moral, que pretenden rescatar un valor más allá de nuestras
inclinaciones egoístas, son necesarias para tener una idea qué perseguir, así
nos gastemos toda la vida en el intento.
- Es
claro que los instintos están mediados por la razón, que esta actitud racional
que nos caracteriza a la hora de tomar decisiones y elegir, es lo que nos
ofrece esa inclinación para hacer el bien que puede notarse en todos los
hombres, la idea de lo bueno y de lo malo viene impregnada en la atmósfera
cultural en el modo que yo me comprendo y en el modo en que yo quiero.
- Es
claro que nuestra exagerada consideración por el Yo nos niega la posibilidad de
reconocer la existencia de una moral que considere dentro de nuestras
inclinaciones el respeto por la dignidad del otro, lo que nos impide actuar
moralmente y encontrar el camino hacia una voluntad buena en sí misma, y es por
eso que tenemos que aceptar nuestra condición humana, sin quitar valor a ningún
elemento constituyente como la razón, las pasiones y los deseos, aunque estemos
marcados con la estela negra del egoísmo, no debemos perder las esperanzas de
dejar algún día atrás nuestras inclinaciones, para actuar de forma que nuestras
máximas constituyan universalmente una ley donde el respeto y la libertad del
otro tengan tanto valor como damos a nuestra propia condición humana.
, Voluntad y Deber.
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